El “ahora mismo” no existe en el Universo

 

Esta es la historia de dos hermanas gemelas, Iris y Hera, prácticamente idénticas al nacer. Nuestra historia es distópica en cierto sentido, negativa para nuestros estándares de hoy: el destino de las dos gemelas fue separarse desde muy pequeñitas e ir a parar a lugares extremadamente remotos el uno del otro. 

Unos meses antes de cumplir 3 años, a Iris, que echaba de menos a su hermana, pero desconocía dónde se encontraba, le hicieron una foto, sacaron múltiples copias y las mandaron en todas direcciones, con la esperanza de que alguna de ellas diera con su hermana. Hera hizo algo similar, por algo eran como dos gotas de agua, idénticas hasta en sus pensamientos. Teniendo en cuenta que cada una no sabía del paradero de la otra, esas cartas viajaron mucho tiempo, sin llegar a su destinataria, era improbable.

Un día, Hera, que ya contaba con 90 años a sus espaldas, recibió una carta, la abrió y encontró una foto dentro. Vio la foto, y le recordó a algo. La comparó con una suya, y se reconoció a sí misma de cuando solo tenía 3 años. ¡Era una foto de Iris, su hermana gemela separada de ella hacía casi una vida entera! ¿Dónde estaría su hermana Iris ahora mismo? ¿Qué aspecto tendría? ¿Habría tenido amigas, se habría casado y formado una familia como ella? A Hera le gustaba pensar que la vida de su gemela había sido igual a la suya, llena de vivencias, unas más felices que otras. Quizás lo que la rodeaba no hubiera sido exactamente igual, ¡pero tampoco podría haber sido tan diferente en lo importante, por algo eran hermanas casi idénticas!

Pero en su mente también cabían pensamientos más inquietantes. ¿Seguiría Iris viva? Pensó en contactar con ella y enviarle otra foto, pero quizás tardaría en llegar más de los 87 años que habían pasado desde que su hermana envió la suya. Melancólicamente, se planteaba que ella, a sus 90 años, ahora mismo solo podía saber cómo estaba su hermana Iris a los 3 años. Compartían un momento en el tiempo en realidad separado por toda una existencia y caminos vitales diferentes.

Hera seguía dándole vueltas. Si Iris ahora mismo estaba haciendo algo, si seguía viviendo, pero ella no estaba ahí para verlo con sus ojos en directo, ¿en realidad su hermana existía? Entendió entonces algo más de la famosa frase y de las disquisiciones relacionadas con ella de filósofos como Descartes o Hume: “Si un árbol cae en un bosque sin nadie alrededor, ¿hace ruido?”. Si ella no podía ver ni oír a su hermana ahora mismo, es como si no existiera. ¡Pero qué triste pensar en algo así! Casi vivía mejor cuando no sabía de su hermana Iris, era terrorífico comprobar que la realidad no era como lo que ella conocía hasta ahora / LEER NOTICIA COMPLETA

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