El inesperado legado del aterrizaje de Perseverance: cinco cráteres que ahora estudia la ciencia
Dos bloques de tungsteno y varios fragmentos liberados por la nave antes de su llegada al planeta rojo impactaron contra el terreno en 2021. Cinco años después, los científicos utilizan esos cráteres para estudiar las propiedades del suelo marciano y revisar los modelos empleados para interpretar otros impactos.
El
aterrizaje del rover Perseverance de la NASA en Marte dejó unas huellas
que inicialmente no tenían ningún interés científico previsto. Varias piezas
desprendidas por la nave durante su descenso impactaron contra la superficie y
originaron cinco
pequeños cráteres que ahora se han convertido en una fuente de
información sobre las características físicas del terreno marciano.
Perseverance
llegó a Marte en febrero de 2021 con objetivos como buscar indicios
de antigua vida microbiana, recoger muestras y contribuir a preparar futuras
misiones de exploración. Para completar el viaje y el aterrizaje, el vehículo
estaba integrado en un conjunto de estructuras que fueron separándose
progresivamente cuando dejaron de ser necesarias.
Entre
ellas se encontraba la etapa de crucero, utilizada durante el viaje
interplanetario, además de la cápsula que protegía al rover durante su entrada
en la atmósfera y la etapa de descenso equipada con motores.
Pocos
minutos antes de la entrada atmosférica, la nave se desprendió de la etapa de
crucero. Posteriormente fueron expulsados dos bloques de tungsteno de
aproximadamente 77 kilos cada uno, empleados como masas de
equilibrado para controlar el comportamiento del vehículo durante el descenso.
Los
bloques salieron despedidos a gran velocidad e impactaron contra Marte
aproximadamente cinco minutos antes de que Perseverance alcanzara la superficie.
Un
experimento inesperado sobre el suelo de Marte
Una
investigación publicada en Geophysical Research Letters ha permitido
relacionar estos restos con cinco cráteres: dos habrían sido originados por
los bloques de tungsteno y otros tres por fragmentos de la etapa de crucero.
La
particularidad de estos impactos es que los investigadores conocen las
características de los objetos que los produjeron. Esto permite comparar su
masa y otras propiedades con las dimensiones de los cráteres resultantes y
utilizar los impactos como un experimento para estudiar el terreno.
Los
análisis han permitido estimar una cohesión del suelo de alrededor de 7 kilopascales,
un valor compatible con un material arenoso y poco compacto.
Los
resultados también sugieren que algunos de los modelos utilizados para
establecer la relación entre las características de un objeto y el cráter que
produce al impactar contra Marte podrían necesitar ajustes.
El
estudio muestra así que los componentes desechados durante el aterrizaje de una
misión espacial pueden adquirir posteriormente utilidad científica. Al conocer
con precisión determinados parámetros del objeto que produjo cada impacto, los
investigadores disponen de una referencia para comprender mejor las propiedades
de la superficie marciana y mejorar la interpretación de otros cráteres
cuyo origen y condiciones de formación son menos conocidos.









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