Detectan metales tóxicos en más de 1.000 personas tras los devastadores incendios de Hawai

Un estudio realizado con 1.400 adultos entre seis y 18 meses después de los incendios de 2023 ha encontrado concentraciones elevadas de varios metales, con niveles de antimonio casi 40 veces superiores a los valores de referencia de Estados Unidos.

Investigadores estadounidenses han detectado concentraciones elevadas de metales tóxicos en personas expuestas a los catastróficos incendios que afectaron a la isla hawaiana de Maui en agosto de 2023, unos fuegos que alcanzaron zonas urbanas y destruyeron viviendas, vehículos y otras infraestructuras.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Hawái y publicado en la revista científica PNAS, analizó a 1.400 adultos de Maui entre seis y 18 meses después de los incendios. Los científicos midieron 24 metales en muestras de orina y realizaron pruebas respiratorias estandarizadas para evaluar la función pulmonar.

Los resultados mostraron concentraciones notablemente superiores a los valores de referencia estadounidenses para varios elementos. El caso más destacado fue el antimonio, con niveles casi 40 veces superiores, seguido del manganeso, con 3,8 veces más; el bario, con 2,3 veces; y el arsénico, con 2,2 veces.

Una mayor exposición se asocia con alteraciones pulmonares

Los análisis realizados por los investigadores encontraron una asociación entre una mayor exposición combinada a los metales y diferentes medidas de función pulmonar anormal. El arsénico, el cadmio, el cobre y el antimonio estuvieron entre los elementos que más contribuyeron a estos patrones.

Sin embargo, los autores advierten de que los resultados no permiten atribuir toda la presencia de estos metales directamente a los incendios. La ausencia de datos de monitorización anteriores al desastre impide determinar qué proporción procede de los fuegos y cuál puede deberse a exposiciones anteriores o persistentes.

Entre los posibles factores previos se encuentran la propia geología de Hawái, los usos históricos agrícolas e industriales del territorio, la alimentación y otras fuentes ambientales. Al mismo tiempo, el incendio pudo introducir nuevos contaminantes y remover sustancias que ya se encontraban acumuladas en el suelo, el polvo y las construcciones.

Los científicos subrayan que incendios como el que devastó Lahaina son diferentes de aquellos en los que arde principalmente vegetación. Cuando las llamas alcanzan zonas urbanizadas pueden quemarse viviendas, vehículos, aparatos electrónicos, madera tratada, sistemas eléctricos y otras infraestructuras, generando mezclas complejas de contaminantes.

Además, la exposición a estos residuos puede variar considerablemente dependiendo de la zona y prolongarse durante años después del incendio. Por este motivo, los investigadores han iniciado un seguimiento a largo plazo de la población para conocer cómo evoluciona la exposición y comprender mejor las consecuencias que este tipo de desastres puede tener sobre la salud pública.

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