La mutación genética que hace pequeños a los perros ya existía en los lobos
Los científicos creían que los perros empezaron siendo grandes y se hicieron más pequeños hace unos 20.000 años, cuando fueron domesticados. Pero un nuevo estudio presenta la posibilidad de una nueva narrativa evolutiva.
Un
equipo de investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus
siglas en inglés) han identificado una mutación en un gen regulador de la
hormona del crecimiento que se corresponde con el pequeño tamaño corporal de
los perros y que estaba presente en los lobos hace más de 50.000 años, mucho
antes de la domesticación.
Los
científicos del NIH llevaban más de una década buscando esta mutación. Elaine
Ostrander, genetista de esta institución indicó a su equipo que buscara
secuencias alrededor del gen que estuvieran posicionadas al revés y confirmaran
si había alguna presente en otros cánidos y en ADN antiguo.
Con
este enfoque, los investigadores encontraron una forma inversa del gen del
factor de crecimiento similar a la insulina 1 (IGF1) con variantes que se
correlacionaban con el tamaño en las 200 razas de perros que examinaron.
“No
es tanto que el ‘gen’ se posicione al revés, como que un pequeño trozo del gen
IGF1 crea un complemento en la cadena opuesta. Ese ARN mensajero (ARNm) puede
entonces unirse al verdadero ARNm de IGF1 y afectar a su capacidad de producir
una proteína. La versión inversa se denomina ARN no codificante de cadena larga
(lncRNA)”, explica a SINC Ostrander. Los resultados se publican esta semana en
la revista Current Biology.
El
equipo colaboró entonces con los biólogos evolutivos Greger Larson, de la
Universidad de Oxford (Reino Unido), y Laurent Franz, de la Universidad Ludwig
Maximilian (Alemania), para buscar en el ADN de lobos antiguos y conocer cuándo
apareció por primera vez la mutación del IGF1.
“Intentamos
encontrar la mutación crítica durante una década y fracasamos. Buscamos en la
región codificante, en las regiones entre los genes, en aquellas que controlan
la regulación del gen. No lo descubrimos hasta que decidimos mirar dentro del
gen y ver si había algo interesante en la cadena opuesta. Ayudó mucho el hecho
de que ahora hay miles de genes de los que tenemos la secuencia completa del
genoma –de más de 250 razas–. Así que tenemos muchos perros grandes y pequeños
con los que comparar”, argumenta la científica.
Cuando
el equipo examinó el ADN de un lobo siberiano (Canis lupus campestris) de hace
54.000 años, descubrió que también poseía la mutación de la hormona del
crecimiento. "Es como si la naturaleza la hubiera guardado en su bolsillo
durante decenas de miles de años hasta que la necesitara", añade
Ostrander.
El
hallazgo es válido no solo para los perros y los lobos, sino también para
coyotes, chacales, perros de caza africanos y otros miembros de la familia de
los cánidos. "Esto relaciona muchos aspectos de la domesticación canina y
el tamaño del cuerpo. Lo que creíamos como algo moderno es en realidad muy
antiguo", apunta.
“Esta
es una pieza importante del rompecabezas para entender cómo se regula el tamaño
en las razas. Los perros muestran más variación de tamaño que cualquier otro
mamífero de la Tierra. Aprender cómo la naturaleza ha logrado eso es un gran
paso adelante para entender mejor el crecimiento y la regulación de los
mamíferos”, recalca Ostrander.
Ahora
van a continuar estudiando los genes que regulan el tamaño corporal de los
perros. “Nos gustaría encontrar las variantes críticas de algunos otros genes
que contribuyen a la variación del tamaño corporal en los cánidos. En general,
solo unos 25 genes parecen regular la mayor parte, entre las razas más grandes
y las más pequeñas. Nos gustaría entender cómo estos genes trabajan juntos para
lograr la diferencia entre ser tan pequeño como un caniche toy y tan grande
como un terranova”, concluye.
.-
Referencia: Plassais et al.
“Natural and human-driven selection of a single non-coding body size variant in
ancient and modern canids”. Current Biology
.-




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