Los cambios climáticos forzaron a los mastodontes a mudarse al norte
Una nueva investigación
sugiere que los mastodontes estadounidenses eran muy viajeros, que migraban
grandes distancias a través de América del Norte debido al drástico cambio
climático durante las edades de hielo del Pleistoceno.
El estudio, realizado
por un equipo internacional de científicos y publicado hoy en la revista
'Nature Communications', también revela que las poblaciones de mastodontes que
se dirigían hacia el norte en dirección al Ártico durante los períodos cálidos
eran menos diversas genéticamente, lo que las hacía vulnerables a la extinción.
Los hallazgos podrían ser útiles para la ciencia de la conservación moderna.
"Hoy, podría
pensarse que es genial ver animales como los osos pardos en el norte de Canadá
y las islas árticas, mucho más allá de su área de distribución histórica.
Obviamente, se están beneficiando, al igual que lo hicieron estos mastodontes
durante un tiempo, como resultado del cambio climático natural", señala
Ross MacPhee, conservador principal del Departamento de Mammalogía del Museo y
uno de los autores del estudio.
"Pero ese beneficio
puede ser muy limitado --añade--. Es importante darse cuenta de que lo que
podríamos pensar que es un cambio beneficioso en un nivel para algunas
especies, no es necesariamente tan bueno para otras".
Los mastodontes, que
pertenecen a un grupo estrechamente relacionado con los elefantes modernos y
los mamuts extintos, se encontraban entre los animales terrestres vivos más
grandes de la Tierra en ese momento, vagando desde la actual Alaska y el Yukón
al este de Nueva Escocia y al sur hasta el centro de México. La especie se
extinguió hace unos 11.000 años junto con otros grandes mamíferos como los
mamuts, los gatos dientes de sable y los perezosos terrestres gigantes.
Los fósiles de
mastodonte descubiertos previamente en climas del norte indican que la especie
probablemente tenía un amplio rango, pero los científicos no sabían cuándo
ocurrieron estas migraciones y si las poblaciones de mastodontes hicieron viajes
repetidos o solo una vez.
Para obtener más
información, los investigadores reconstruyeron genomas mitocondriales completos
a partir de dientes, colmillos y huesos fosilizados de 33 mastodontes. Los
resultados muestran que los animales viajaron distancias extremas en respuesta
al calentamiento de las condiciones climáticas y al derretimiento de las capas
de hielo, desde ambientes más cálidos hasta las partes más al norte del
continente.
El Pleistoceno, que
comenzó hace unos 2,6 millones de años, fue un largo viaje en montaña rusa:
períodos glaciales fríos intercalados con períodos más cálidos durante los
cuales las capas de hielo se retraían.
Durante estos
"interglaciales" cálidos, en las regiones previamente congeladas
crecieron nuevos bosques y humedales que proporcionaron nuevas fuentes de
alimento para animales como el mastodonte, atrayéndolos hacia el norte.
"Estos mastodontes
vivían en Alaska en un momento en que hacía calor, así como en México y partes
de Centroamérica. No eran poblaciones estacionarias. Los datos muestran que
había un movimiento constante de un lado a otro", explica el genetista
evolutivo Hendrik Poinar, director del Centro de ADN antiguo de la Universidad
McMaster y autor del estudio.
Los investigadores
sugieren que examinar cómo la megafauna del Pleistoceno adaptada ecológicamente
respondió genética y ecológicamente a tales transiciones climáticas puede
proporcionar información valiosa sobre cómo el cambio climático está afectando
a las especies modernas en el norte.
"Es realmente
interesante porque muchas especies en la actualidad, como el alce y el castor,
están expandiendo rápidamente su área de distribución hacia el norte en decenas
o cientos de kilómetros cada siglo", destaca Emil Karpinksi, autor
principal del estudio y estudiante de posgrado en la Centro de ADN antiguo y el
Departamento de Biología de la Universidad McMaster.
El equipo investigador,
integrado por científicos de Canadá, Estados Unidos, México y Australia,
también analizaron la genética de las poblaciones "pioneras" que
llegaron al norte y encontraron que su diversidad genética era muy baja.
"Esa es siempre una
señal de peligro para las especies de vertebrados --apunta Grant Zazula, autor
del estudio y paleontólogo del Gobierno de Yukon--. Si se pierde la diversidad
genética, se pierde la capacidad de responder a las nuevas condiciones. En este
caso, no estuvieron allí el tiempo suficiente para adaptarse a las condiciones
del norte cuando regresaron al frío".
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