Consiguen estudiar por primera vez a la raya más grande del océano
En una primicia científica, unos investigadores han
conseguido marcar (es decir, colocar un dispositivo de seguimiento) a varias
rayas smalleye [ojos pequeños en inglés] salvajes, la raya marina más grande y
rara del mundo, en Mozambique. Estos monstruosos peces del Océano Pacífico, que
pueden alcanzar los 3 metros de longitud, se ven tan raramente que
probablemente sean una especie en peligro crítico de extinción.
Tras semanas de vigilancia de la costa del
archipiélago de Bazaruto, Andrea Marshall, exploradora de National Geographic y
experta en rayas, avistó por fin una raya en aguas poco profundas. Se sumergió
y, con una pértiga de dos metros de largo, tocó ligeramente al animal, tomando
una pequeña muestra de piel de su parte inferior. El pez permaneció tranquilo,
lo cual fue una buena señal: los pececillos tienen una espina urticante de la
longitud de un antebrazo humano. Cualquier movimiento en falso "nos
pondría en peligro de muerte", afirma.
Tras el éxito del primer experimento, Marshall y sus
colegas dedicaron meses a localizar más smalleyes, aficionadas a transitar un
tramo muy concreto de la costa mozambiqueña. Los científicos buceaban al
amanecer, la hora más probable para ver un smalleye, y se centraban en
arrecifes en los que ya se habían documentado avistamientos de este pez.
En total, el equipo consiguió colocar marcas (acústicas
y por satélite) en 11 smalleyes, que deben su nombre a sus diminutos ojos del
tamaño de una pasa.
Esta escurridiza raya es la mayor especie marina de
raya. La smalleye, o Megatrygon microps, puede tener un aguijón tan largo como
un antebrazo humano y un ancho de hasta dos metros y medio.
Marshall pasó algunos apuros. Por ejemplo, descubrió
que la enorme raya puede levantar su aguijón sobre el lomo y balancearlo, como
un escorpión. Pero no se puede culpar al pez por defenderse. Cuando no puedes
ver bien, "si algo te pincha, se lo devuelves", dice.
Hasta ahora, los datos preliminares revelan un
animal impresionante, capaz de sumergirse a más de 200 metros de profundidad y
nadar cientos de kilómetros en un día, dice Marshall, que estudia las smalleyes
como fundador de la Fundación para la Megafauna Marina, con sede en Mozambique.
A las 11 rayas se les colocaron marcas acústicas y a
cuatro de ellas también marcas por satélite, lo que permitió a los científicos
seguir sus viajes de larga distancia y sus movimientos a gran escala.
Aunque el programa de marcado se encuentra en una
fase relativamente incipiente (la recopilación y el análisis de los datos
podría llevar años), promete ofrecer una visión tentadora de la vida de una
especie misteriosa, afirma Marshall.
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