Las vacunas contra el Covid ganan el Nobel de Medicina
El desarrollo de las vacunas de ARN mensajero
(ARNm), que han sido claves en mitigar el impacto de la pandemia de covid, ha
sido reconocido con el premio Nobel de Medicina de este año. Según ha anunciado
la Fundación Nobel, el galardón se ha concedido a Katalin Karikó y Drew
Weissman, de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.).
Han sido premiados "por sus descubrimientos
sobre las modificaciones de las bases de nucleósidos que han posibilitado el
desarrollo de vacunas efectivas de ARNm contra la COVID-19", según el
veredicto de la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo.
El jurado destaca que "con sus hallazgos
pioneros, (...) los laureados contribuyeron al desarrollo de vacunas a un ritmo
sin precedentes durante una de las mayores amenazas a la salud humana en los
tiempos modernos". Además, añade, las investigaciones de Karikó y Weissman
"han cambiado de manera fundamental nuestra comprensión de cómo el ARNm
interactúa con nuestro sistema inmune".
La tecnología de ARN mensajero desarrollada gracias
al trabajo de Weissman y Karikó es la base de las vacunas de Pfizer-BioNTech
-la primera que se aprobó contra la covid, solo once meses después del
descubrimiento del virus SARS-CoV-2- y de Moderna.
De cara al futuro, el ARN mensajero "abre la
vía (...) también para vacunas contra otras enfermedades infecciosas",
destaca la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska en el comunicado en que
anuncia el galardón. "Esta tecnología podría usarse también para
administrar proteínas terapéuticas y tratar algunos tipos de cáncer".
Estos avances no hubieran sido posibles de no ser
por la tenacidad de Karikó, una bioquímica húngara que llegó a EE.UU. en 1985
como investigadora postdoctoral y tenía el propósito de desarrollar tecnologías
de ARN mensajero. Dado que el ARN mensajero es la molécula natural a partir de
la que las células crean proteínas, Karikó pensaba que se podría utilizar esta
molécula para que algunas células fabricaran proteínas necesarias. Esta es
precisamente la idea en que se basaron las primeras vacunas contra la covid, en
que el ARNm hace que las células humanas fabriquen una proteína del
coronavirus, de manera que el sistema inmune aprende a reconocer esta proteína
y a atacar el virus.
Sin embargo, durante sus primeros años en EE.UU.,
Karikó se encontró con que sus proyectos de investigación eran rechazados porque los evaluadores no pensaban
que la idea pudiera funcionar. Al no conseguir financiación y no tener
resultados, no obtuvo plaza de profesora titular de la Universidad de
Pensilvania como pretendía sino que fue degradada.
"Pensé 'tal vez no soy lo bastante buena, lo
bastante inteligente'", confesó en 2020 en Stat News. Pero en lugar de
rendirse, decidió persistir.
El problema que tenía que resolver era cómo evitar
que el ARN mensajero fuera destruido por el sistema inmune para llegar a producir proteínas en las células. Este era
el motivo por el que los evaluadores pensaban que la idea no funcionaría y
destinaban la financiación disponible a otros proyectos.
La solución la encontró colaborando con el
inmunólogo Drew Weissman, también de la Universidad de Pensilvania. En una
investigación seminal publicada en Immunity en 2005, Weissman y Karikó
descubrieron cómo modificar el ARN mensajero de un modo que no alertara al
sistema inmunitario.
"Fue un cambio de paradigma en nuestra
comprensión de cómo las células reconocen y responden a diferentes formas de
ARNm", destaca la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska. "Karikó y
Weissman comprendieron inmediatamente que su descubrimiento tenía una
importancia profunda para utilizar el ARNm como terapia".
También lo comprendieron unos pocos investigadores
más como Ugur Sahin y Özlem Tureci, que fundaron la compañía BioNTech en
Alemania con el objetivo inicial de aplicar el ARN mensajero a la inmunoterapia
del cáncer; o cómo Derrick Rossi, de la Universidad de Stanford (EE.UU.), que
estuvo en el origen de la compañía Moderna, también con la inmunoterapia del
cáncer como primer objetivo.
En los años siguientes, mientras Karikó y Weissman
continuaban investigando en la tecnología del ARN mensajero, aumentó el interés
por aplicarla al desarrollo de vacunas. Entre las que se investigaran, destaca
la del MERS, una infección causada por un coronavirus estrechamente emparentado
con el de la covid.
Por otro lado, BioNTech exploró el potencial del ARN
mensajero para vacunas de la gripe, lo que llevó a al compañía de Sahin y
Tureci a empezar a colaborar con Pfizer desde antes de la pandemia.
Cuando llegó la covid, el campo de investigación del
ARN mensajero, que no se hubiera desarrollado de no ser por el empeño inicial
de Karikó, estaba ya maduro para aplicarlo al desarrollo de vacunas contra el
virus SARS-CoV-2.
Siguiendo la tradición, el Nobel de Medicina se ha
anunciado el primer lunes de octubre y es el primero que se ha hecho público.
Le seguirán el de Física mañana; el de Química el miércoles; el de Literatura
el jueves; el de la Paz el viernes; y cerrará la lista el de Economía el
próximo lunes.
Los premiados recibirán el galardón en Estocolmo el
10 de diciembre en Estocolmo, coincidiendo con la fecha de la muerte de Alfred
Nobel.
Cada premio se concede a un máximo de tres personas,
que se reparten los 11 millones de coronas suecas (unos 950.000 euros) con que
está dotado el galardón en cada categoría.
Solo trece de las 227 personas que han recibido el
Nobel de Medicina desde la primera edición en 1901 son mujeres. Karikó es la
primera mujer premiada con el Nobel de Medicina desde 2015, cuando lo recibió
la china Tu Youyou por el desarrollo de tratamientos contra la malaria.
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