El Webb detecta agujeros negros ocultos en galaxias primitivas
Una investigación internacional publicada en Nature apunta a que estos objetos serían agujeros negros supermasivos en una fase temprana, ocultos por densas nubes de gas que alteran su radiación.
Un equipo internacional de investigadores ha logrado avanzar en la
identificación de los llamados «pequeños
puntos rojos» (LRDs, por sus siglas en inglés), unos objetos
celestes detectados en galaxias muy lejanas por el Telescopio Espacial James Webb. Según los
resultados del estudio, publicados este miércoles en la revista Nature, estos puntos podrían corresponder
a agujeros negros supermasivos en las primeras etapas de su
desarrollo, rodeados por densas capas de gas que dificultan su
detección mediante los métodos habituales.
Los LRDs comenzaron a llamar la atención de la comunidad
científica apenas dos semanas después de la entrada en funcionamiento del
telescopio Webb, cuando las observaciones en el infrarrojo revelaron la
presencia de estos objetos extremadamente luminosos y de tonalidad rojiza.
Desde entonces, su naturaleza había generado debate, con hipótesis que
oscilaban entre galaxias jóvenes con una intensa formación estelar y agujeros negros
de gran masa, sin que ninguna explicación encajara plenamente con los datos
disponibles.
Análisis
de galaxias lejanas
Con el objetivo de esclarecer el
origen de estos objetos, el investigador Vadim
Rusakov, de la Universidad de
Mánchester, lideró un estudio en el que participaron científicos de
Dinamarca, Irlanda y Suiza. El equipo analizó de forma detallada los datos de
una docena de galaxias estudiadas individualmente, junto con información
adicional de otras dieciocho, con el fin de reconstruir la evolución de los
LRDs a lo largo del tiempo.
El examen de la luz emitida por
estas galaxias permitió concluir que los pequeños puntos rojos serían agujeros negros envueltos en nubes densas de gas neutro y
electrones. Según el estudio, la radiación observada no procede
directamente del entorno inmediato del agujero negro, sino que es el resultado
de la dispersión de fotones al interactuar con estas
capas de gas, lo que modifica su señal original y la hace visible en el
infrarrojo.
Menor
masa de lo estimado y gas envolvente
Los investigadores señalan que
estos agujeros negros serían mucho menos
masivos de lo que se había estimado inicialmente, con masas
hasta cien veces inferiores a las propuestas en estudios anteriores. La
presencia de un «capullo» de gas de alta densidad explicaría también la debilidad de las emisiones de rayos X y ondas de radio,
ya que estas quedarían absorbidas y transformadas antes de alcanzar los
instrumentos de observación.
Pese a los avances logrados, el
estudio reconoce que aún existen incógnitas abiertas, como la causa exacta de
la baja intensidad de los rayos X detectados. Los autores confían en que
futuras observaciones permitan determinar si esta fase, en la que los agujeros
negros permanecen ocultos por gas denso, es común en la evolución temprana de
las galaxias.
Compatibilidad
con los modelos cosmológicos
En un artículo complementario
publicado también en Nature, el astrónomo Rodrigo Nemmen, de la Universidad de São Paulo, recuerda que en
un primer momento algunos científicos interpretaron estos objetos como galaxias
con masas estelares superiores a la de la Vía Láctea. Sin embargo, esta
posibilidad resultaba incompatible con los modelos cosmológicos actuales, dado
que los LRDs se observan en una época en la que apenas habían transcurrido unos
600 millones de años desde el Big Bang.
Nemmen destaca que la elevada luminosidad de estos objetos, superior a
la de cientos de miles de millones de soles, junto a su tamaño extremadamente reducido, apuntaba a la
presencia de un objeto compacto capaz de convertir la energía gravitatoria del
gas en radiación, como un agujero negro supermasivo. No obstante, subraya que
serán necesarios más estudios para confirmar de forma definitiva estas
conclusiones y precisar la masa real de estos objetos en sus primeras fases.










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