Rusia prueba un sistema con microalgas para generar oxígeno en la Estación Espacial Internacional

La investigación busca transformar dióxido de carbono en aire respirable mediante organismos vivos adaptados a la microgravedad, una tecnología que podría revolucionar los sistemas de soporte vital espacial.

La posibilidad de producir aire respirable fuera de la Tierra ya no depende únicamente de sistemas mecánicos tradicionales. Investigadores rusos trabajan en una nueva tecnología basada en microalgas modificadas genéticamente, capaces de convertir el dióxido de carbono (CO₂) en oxígeno dentro de entornos espaciales como la Estación Espacial Internacional (EEI).

El proyecto, desarrollado por el Instituto Kurchátov, pretende aprovechar procesos biológicos optimizados para mantener ciclos continuos de regeneración del aire, un aspecto fundamental para futuras misiones espaciales de larga duración.

Un experimento con aplicaciones dentro y fuera del espacio

Según los responsables del proyecto, un único metro cúbico de cultivo de microalgas podría procesar el CO₂ generado por un astronauta y convertirlo en oxígeno utilizable, un rendimiento que permitiría diseñar sistemas de soporte vital más compactos y eficientes que los actuales.

La tecnología emplea fotobiorreactores adaptados a condiciones de microgravedad, donde las microalgas utilizan luz, agua y dióxido de carbono para desarrollar un proceso fotosintético continuo. Los primeros ensayos fueron enviados a la EEI mediante la nave Progress MS-22, donde los cosmonautas instalaron el sistema para comprobar su funcionamiento en condiciones reales de ingravidez.

Durante las pruebas, los investigadores observaron la aparición de burbujas de gas pocos días después de la activación, una señal que confirmaría el correcto funcionamiento del proceso biológico en órbita.

El objetivo final es desarrollar sistemas integrales capaces no solo de producir oxígeno, sino también de generar biomasa, un elemento que podría convertirse en un recurso esencial durante futuras misiones a larga distancia donde el reabastecimiento desde la Tierra resulte inviable.

Además de su aplicación espacial, los investigadores consideran que esta tecnología podría utilizarse también en la Tierra en submarinos, estaciones polares, entornos industriales o infraestructuras urbanas, ayudando a mejorar la calidad del aire y reducir emisiones mediante sistemas biológicos sostenibles.

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