“¿Pondrá Trump sus ojos en el espacio como nuevo recurso estratégico?”
La exploración científica del cosmos convive cada vez más con intereses económicos y geopolíticos, y el debate sobre el uso de los recursos espaciales vuelve a ganar peso ante un posible giro en la política estadounidense si Donald Trump regresa a la presidencia. La pregunta que empieza a plantearse en ámbitos científicos y estratégicos es clara: ¿pasará el espacio de ser un territorio de investigación a convertirse en un ámbito de explotación directa?
Hasta ahora, la NASA
ha centrado su actividad en el estudio del universo con fines científicos,
buscando respuestas sobre el origen del cosmos, la formación de los planetas y
el surgimiento de la vida. Misiones como el telescopio espacial James Webb
Space Telescope o sondas de exploración de asteroides tienen como objetivo
ampliar el conocimiento sobre los materiales primitivos del sistema solar.
Sin embargo, algunos
de estos descubrimientos han puesto sobre la mesa un factor nuevo: el enorme
valor económico potencial de ciertos cuerpos celestes. Es el caso del
asteroide 16 Psyche, uno de los objetos más estudiados por la NASA en
los últimos años debido a su extraordinaria riqueza en metales como hierro y
níquel.
Un asteroide
con valor estratégico
Psyche, de unos 280
kilómetros de diámetro, es considerado el mayor asteroide de tipo M conocido.
Los científicos creen que podría tratarse del núcleo metálico expuesto de un
planetesimal que no llegó a convertirse en planeta tras violentas colisiones en
los orígenes del sistema solar. Estudios preliminares apuntan, además, a la presencia
de metales hidratados en su superficie.
Algunas estimaciones
teóricas —puramente hipotéticas— han llegado a valorar sus recursos minerales
en cifras que superarían ampliamente la economía global actual. Aunque estas
proyecciones no implican una viabilidad real a corto plazo, sí han alimentado
el debate sobre la minería espacial como futuro recurso económico y
estratégico.
Ciencia,
economía y política
La misión Psyche, que
tiene previsto llegar al asteroide en 2029, está diseñada exclusivamente con
fines científicos: analizar su estructura, su origen y su composición. No
obstante, el contexto político internacional introduce incertidumbres sobre el
rumbo que podría tomar la exploración espacial en los próximos años.
Durante su anterior
mandato, Donald Trump impulsó una visión más utilitarista del espacio,
promoviendo la creación de la Fuerza Espacial de Estados Unidos y defendiendo
el derecho de las empresas estadounidenses a explotar recursos extraterrestres.
Este enfoque abrió el debate sobre si el espacio podría convertirse en un nuevo
escenario de competencia por materias primas, al margen del espíritu científico
y cooperativo que ha marcado hasta ahora la exploración espacial.
Un marco legal
en discusión
El Tratado del Espacio
Exterior de 1967 establece que ningún país puede reclamar soberanía sobre
cuerpos celestes, pero deja zonas grises en lo relativo a la explotación de
recursos. Estados Unidos ya aprobó en 2015 una ley que permite a sus empresas
extraer y comercializar recursos espaciales, una medida que ha sido observada
con cautela por la comunidad internacional.
En este contexto,
algunos expertos se preguntan si una futura administración Trump podría
reforzar esta línea, impulsando el espacio como un nuevo frente económico y
estratégico, con asteroides como Psyche en el centro del interés.
Por ahora, la NASA
insiste en que su misión sigue siendo científica. Pero el creciente valor
estratégico de los recursos espaciales y la evolución del escenario político
global plantean una cuestión que ya no es solo de ciencia ficción: si el
espacio será el próximo territorio de exploración… o el próximo recurso a
explotar.









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