Científicos rusos implantan chips cerebrales en palomas para convertirlas en biodrones teledirigidos

 

Investigadores rusos trabajan en el desarrollo de palomas controladas mediante implantes neuronales con el objetivo de utilizarlas como biodrones para tareas de vigilancia, monitorización ambiental y otras aplicaciones. El proyecto está impulsado por la empresa emergente Neiry Group, vinculada al Instituto de Inteligencia Artificial dirigido por Katerina Tíkhonova, hija menor del presidente ruso Vladímir Putin.

Según la información difundida por el portal Meduza, el sistema se basa en la implantación de electrodos en el cerebro de las aves, que emiten estímulos eléctricos capaces de influir en sus instintos para dirigir el vuelo. Las palomas portan una pequeña mochila equipada con batería solar, sistema de posicionamiento GPS y una cámara situada en el pecho, desde la que se transmiten imágenes y datos en tiempo real.

Desde Neiry Group aseguran que la tecnología puede tener usos civiles como la inspección de infraestructuras, labores de búsqueda y rescate o el control ambiental, aunque reconocen que también podría aplicarse en el ámbito militar. Actualmente, los vuelos se limitan a distancias cortas, pero los desarrolladores prevén alcanzar recorridos de decenas de kilómetros en fases posteriores del proyecto.

La compañía sostiene que los procedimientos no causan sufrimiento a los animales y que las intervenciones cumplen con criterios de seguridad. Sin embargo, expertos en bioética y parte de la comunidad científica cuestionan tanto la viabilidad a largo plazo del sistema como el uso de seres vivos como dispositivos tecnológicos, planteando dudas sobre el impacto ético de estas prácticas.

El fundador de Neiry Group, Alexander Panov, ha defendido que el control ejercido sobre las palomas es comparable al que los humanos mantienen tradicionalmente sobre otros animales domesticados. A pesar de las críticas, el proyecto ha atraído una importante inversión: según datos publicados por Forbes, la empresa ingresó 481 millones de rublos en 2024.

Diversos estudios académicos califican este tipo de desarrollos como excesivamente optimistas y señalan que las pruebas realizadas hasta ahora muestran vuelos con órdenes simples, lejos aún de un comportamiento natural o de una operatividad compleja plenamente funcional.

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