Miles de destellos en fotos astronómicas de los años 50 reabren el debate sobre fenómenos no explicados en el cielo

 

Un análisis de placas fotográficas del primer gran mapa del cielo de Palomar (1949–1957) ha identificado decenas de miles de “transitorios” —puntos brillantes que aparecen y desaparecen en una sola exposición— y detecta una asociación estadística con pruebas nucleares atmosféricas de la época. El resultado, publicado en Scientific Reports, ha reactivado la discusión científica entre explicaciones instrumentales, efectos atmosféricos poco estudiados y la necesidad de revisar, con lupa forense, el archivo histórico.

Qué se ha encontrado en las placas de Palomar

El trabajo se apoya en imágenes del First Palomar Observatory Sky Survey (POSS-I), un programa realizado con placas de vidrio en los años 50, antes de que existieran satélites en órbita que pudieran “contaminar” las tomas con reflejos. Al cribar digitalmente ese material, los autores describen un gran conjunto de destellos puntuales similares a estrellas que no están en imágenes inmediatamente anteriores o posteriores, ni en cartografiados modernos, lo que los clasifica como eventos transitorios.

Según la nota institucional que acompaña a la publicación, el análisis aborda más de 106.000 transitorios detectados en el archivo y explora patrones temporales en su aparición.

La clave: la relación estadística con pruebas nucleares

El aspecto que ha hecho saltar el debate no es solo el volumen de destellos, sino su asociación temporal con las pruebas nucleares atmosféricas del periodo. En los resultados divulgados por los autores y medios especializados, los transitorios aparecen con mayor probabilidad en ventanas cercanas a detonaciones, con un pico destacado al día siguiente de una prueba, un patrón que los investigadores califican de llamativo y que proponen estudiar con más detalle.

Debate científico: ¿señal física… o ruido de archivo?

El hallazgo ha reavivado una discusión antigua en astronomía de archivo: qué parte de lo “anómalo” pertenece al cielo y qué parte a la tecnología. En este caso, el trabajo plantea hipótesis que van desde un posible efecto atmosférico no documentado asociado a detonaciones (por ejemplo, cambios en la ionosfera o en condiciones de propagación de la luz) hasta explicaciones más prosaicas relacionadas con defectos de las placas, procesos de revelado, polvo, arañazos o artefactos de digitalización.

En paralelo, parte de la conversación pública se ha contaminado con lecturas sensacionalistas sobre “ovnis”, algo que varios divulgadores y publicaciones han tratado con cautela, recordando que una correlación estadística no identifica por sí sola una causa y que, en archivos fotográficos históricos, los falsos positivos pueden ser numerosos si no se validan caso a caso.

Qué faltaría para confirmarlo (o descartarlo)

Los especialistas apuntan a un siguiente paso inevitable: volver a las placas originales y someter una muestra representativa a un examen forense (marcas físicas, distribución en la emulsión, patrones ópticos repetibles, comparación entre telescopios/series, etc.). Solo así se podrá separar con mayor seguridad si se trata de fenómenos reales captados en el cielo o de artefactos del soporte fotográfico y su digitalización.

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