Los colores imposibles del arte rupestre

Mucho antes de que existieran los pigmentos industriales, los seres humanos ya utilizaban minerales, arcillas y carbón para crear pinturas capaces de sobrevivir durante milenios. Los colores más raros revelan conocimientos sorprendentes sobre los materiales de la naturaleza.

Las pinturas rupestres constituyen uno de los testimonios más antiguos de la creatividad humana. En cuevas y abrigos rocosos de distintos continentes se conservan figuras de animales, manos, símbolos y escenas de la vida cotidiana realizadas con pigmentos naturales que, en algunos casos, han resistido decenas de miles de años.

Aunque el rojo, el negro y los tonos ocres son los colores más habituales del arte prehistórico, también se han documentado amarillos, blancos y, en determinados contextos, pigmentos verdes y azules. Estos últimos son especialmente interesantes porque resultan mucho menos frecuentes y plantean importantes preguntas sobre las técnicas empleadas por sus autores.

La fabricación de aquellas pinturas comenzaba con la búsqueda de materias primas. Los minerales se trituraban hasta obtener un polvo fino que podía mezclarse con agua u otros componentes para facilitar su aplicación sobre la roca. En algunos yacimientos se han identificado indicios del uso de sustancias orgánicas, aunque no todas las pinturas necesitaban un aglutinante añadido.

El rojo procedía principalmente de minerales ricos en óxidos de hierro, como la hematites, mientras que el negro podía obtenerse del carbón vegetal o de minerales de manganeso. El blanco se conseguía con materiales como la calcita o determinadas arcillas.

El amarillo tenía también una explicación mineral: las tierras ricas en goethita y otros compuestos de hierro proporcionaban tonalidades que iban desde el amarillo claro hasta el ocre dorado.

El misterio del azul y el verde en las pinturas prehistóricas

Conseguir tonalidades verdes o azules era considerablemente más difícil que obtener rojos y ocres. Entre los minerales capaces de proporcionar estos colores se encuentran la malaquita, de tonalidad verde, y la azurita, de color azul intenso, ambos compuestos de cobre.

Sin embargo, que estos minerales existieran y fueran conocidos en determinadas sociedades antiguas no significa que se utilizaran de forma generalizada en las pinturas rupestres paleolíticas. Su presencia como pigmentos debe demostrarse mediante análisis químicos de cada obra.

Otra posibilidad para algunos tonos verdosos era recurrir a minerales arcillosos, como la celadonita o la glauconita, utilizados como pigmentos verdes en diferentes periodos históricos.

El azul planteaba dificultades adicionales. A diferencia de los óxidos de hierro, los minerales azules adecuados no estaban disponibles en todas las regiones y algunos podían cambiar de aspecto al ser triturados o mezclados.

Mucho más tarde, en el antiguo Egipto, se desarrolló el denominado azul egipcio, uno de los primeros pigmentos sintéticos conocidos, fabricado mediante el calentamiento de una mezcla de materiales ricos en sílice, cobre y calcio. Este avance pertenece a una etapa histórica muy posterior a las grandes pinturas paleolíticas europeas.

Por tanto, no debe confundirse la complejidad de los pigmentos utilizados por las civilizaciones antiguas con los materiales realmente identificados en las primeras manifestaciones del arte rupestre.

Un descubrimiento publicado en diciembre de 2025 en la revista científica Antiquity ha aportado una pista importante sobre este enigma. Investigadores identificaron restos de azurita azul en un objeto de piedra del yacimiento de Mühlheim-Dietesheim, en Alemania, correspondiente al final del Paleolítico, hace aproximadamente entre 14.000 y 11.700 años. Se trata de la evidencia más antigua conocida del uso de pigmento azul en Europa, aunque no demuestra que se empleara para pintar las paredes de las cuevas.

 También se han identificado casos excepcionales de pigmentos verdes en el arte rupestre. En Inca Cueva, al noroeste de Argentina, un estudio ha reconocido un pigmento de cobre compatible con el grupo mineral de la atacamita en una figura pintada sobre roca. El hallazgo demuestra que algunas comunidades prehispánicas seleccionaban y preparaban minerales poco habituales para obtener colores diferentes.

 

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