Descubren dos nuevas especies de tardígrados
El tardígrado ha sido calificado muchas veces como el animal más extraño del mundo, debido a sus características asombrosas.
Estos microanimales, también conocidos como “ositos
de agua”, están trascendiendo el ámbito meramente científico y se están
popularizando cada vez más. Tal es así que aparecen en la reciente serie
televisiva de ciencia-ficción “Star Trek: Discovery” así como en la nueva etapa
de la serie televisiva documental “Cosmos”, presentada por el astrofísico y
divulgador Neil deGrasse Tyson; incluso se utilizan en memes. Pero ¿por qué? Su
capacidad de resistir condiciones extremas, su anatomía y todos los
experimentos que les han realizado pueden responder a esta pregunta.
A estos organismos extremófilos los han sometido a
temperaturas más frías que las más gélidas de la Tierra, y también a un calor
lo bastante intenso como para convertir el agua en vapor. En ambos casos
lograron sobrevivir. Los enviaron al espacio por primera vez en el transbordador
Endeavour de la NASA para comprobar si soportaban la falta de oxígeno y si
resistían al frío y a la radiación solar. Al volver se comprobó que no sufrieron
alteraciones biológicas.
A principios de junio la empresa de Elon Musk llevó
a la Estación Espacial Internacional 5.000 tardígrados con el objetivo de
observar cómo se adaptan al entorno de microgravedad.
Si se logra averiguar qué genes se activan en estos
seres ante las condiciones ambientales extremas, en un futuro y después de
investigar lo suficiente, se podría hallar un modo de bioquímico de proteger a
los astronautas de las condiciones hostiles del espacio.
Por otro lado, un estudio reciente basado en
simulaciones indicó que, a pesar de que los tardígrados resisten las
aceleraciones intensas (como la del despegue de un cohete), no podrían
sobrevivir a un impacto contra un planeta rocoso. Esto hace pensar que la sonda
espacial israelí que los transportaba en 2019 a la Luna, y se estrelló, acabó
con sus vidas. Sin embargo, hay quienes piensan que ya están colonizando el
satélite natural de la Tierra. Todo es materia de especulación.
Un equipo de investigación de la Universidad
Nacional de La Pampa (UNLPam), la Universidad Nacional de Salta (UNSa) y la
Universidad de Catania, las dos primeras en Argentina y la última en Italia, ha
descrito dos nuevas especies de tardígrados en la provincia de Salta. El
hallazgo de estos organismos eleva a 117 el número de especies limno-terrestres
en la Argentina.
Desde la década de 1980, los tardígrados están bajo
la lupa de la ciencia en Argentina. La amplia superficie del territorio
nacional así como la diversidad de ambientes aún no explorados (hay 18
ecorregiones en el país), sugiere que la cantidad de especies reportadas de
estos invertebrados hasta la fecha está subestimada. Las áreas más estudiadas
se encuentran en las provincias patagónicas de La Pampa, Neuquén, Río Negro,
Santa Cruz y Tierra del Fuego, especialmente en las zonas boscosas. La
excepción es La Pampa, que presenta un clima característico de las zonas
semiáridas. Sin embargo, se han descubierto 9 especies gracias a los estudios
que sistemáticamente se realizan desde el año 2000.
Mariana Rocha, doctora en Biología y docente de la
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNLPam, le cuenta a Argentina
Investiga que después de estudiar a los tardígrados durante años en un ambiente
seco, semiárido, como La Pampa, decidió asociarse con la investigadora salteña
Andrea González Reyes, para explorar un lugar megadiverso como la provincia
norteña en algunas zonas, y donde ya se han detectado 18 especies. “En Salta
hay una relación interesante entre la temperatura y la humedad con la
biodiversidad y resultó interesante expandir el área de estudio para comparar
la biodiversidad que hay en ambientes secos y húmedos”, explica Rocha.
Así fue como durante una semana tomaron 64 muestras,
en las que encontraron 3.000 tardígrados en la zona urbana y alrededores de
Salta Capital, enclavada en el Valle de Lerma, a 1150 metros. Con el foco
puesto en estudiar a los tardígrados urbanos de Argentina, siguieron el mismo
diseño de investigación de otros trabajos realizados en La Pampa. Recolectaron
musgos y líquenes presentes en la corteza de los árboles de las veredas, cuya
cara estaba expuesta a la calle. “Lo que queríamos responder era cuál es el
efecto de la urbanización sobre la diversidad de esta microfauna, entendida
como especies y número de representantes por especie”, puntualiza una de las
pocas especialistas de tardígrados en la Argentina. Por eso el equipo muestreó
en zonas de alto, mediano y bajo tránsito y también en la zona periurbana y
rural.
Ya en La Pampa, Rocha y su grupo comenzaron con el
estudio de los individuos recolectados. Estos se encontraban en bolsas de papel
en una caja de cartón y a temperatura ambiente. El tiempo de espera para
comenzar el análisis no puso en riesgo la vida de los tardígrados porque se
encontraban en criptobiosis, un estado en el que reducen al mínimo sus
funciones metabólicas cuando las condiciones del ambiente son desfavorables.
Retraen sus cuatro pares de patas, su cabeza y se hacen una bolita. Quedan en
un estado de latencia, que puede durar desde días hasta varias décadas, en el
que reemplazan el agua corporal por un azúcar que les permite afrontar las
adversidades del medio hasta que se restablecen las condiciones apropiadas,
sobre todo de humedad. De este modo, la hidratación fue suficiente para que se
“despierten” y comenzar a identificarlos.
Luego de dos años de procesar los 3.000 “ositos de
agua” detectaron dos especies nuevas para la ciencia. Sus nombres científicos
son: “Pseudechiniscus saltensis” y “Doryphoribius cephalogibbosus”. En el
primer caso, la primera palabra corresponde al género y la segunda al epíteto
específico, que hace referencia en este caso al lugar de procedencia; mientras
que en el segundo, la primera palabra refiere nuevamente al género y la segunda
a una característica de su morfología.
Para identificar nuevas especies de tardígrados hay
un conjunto de caracteres que deben ser observados en detalle, como el tamaño
del ejemplar (los más grandes pueden medir hasta 1,5 milímetros), el color, la
presencia de ojos, la conformación de la cutícula o cubierta externa, la forma
y la presencia de apéndices, espinas. Y algo muy importante es la característica
de su diseño ventral: el patrón que presentan tanto la hembra como el macho
configuran un diseño único para muchas especies de tardígrados, como así
también la morfología del huevo.
Pseudechiniscus saltensis tiene una pseudoplaca en
el dorso (por eso se llama “Pseudechiniscus”) que lo hace más alargado que los
ejemplares del género Echiniscus, muy emparentados evolutivamente entre sí.
Además, en esa pseudoplaca el largo y la forma de las espinas lo hace único. Su
color es verdoso. Las investigadoras encontraron un solo ejemplar macho, lo que
resulta clave para caracterizar mejor a esta nueva especie. “En general muchas
especies de tardígrados son partenogenéticas; entonces, encontrar machos es más
difícil”, aclara Rocha, quien lideró del estudio. Por eso resulta clave
detectarlos, ya que permite establecer las diferencias que hay con las hembras
de su misma especie.
Lo que hace exclusiva a la especie Doryphoribius
cephalogibbosus son las 10 hileras de gibas que posee (los otros tardígrados de
su grupo tienen 9) y el número de estas protuberancias por hilera. También la
distinguen las dos gibas de su cabeza. Es de color ámbar y presenta detalles
únicos en la ornamentación de la cutícula y en las garras. Estos caracteres de
las nuevas especies ayudarán probablemente a esclarecer algunas cuestiones aún
no resueltas sobre la morfología de los tardígrados.
Rocha se sorprendió al encontrar el ejemplar de
Doryphoribius en una zona de alto tránsito donde por las condiciones
ambientales hubiera esperado hallar otras especies de tardígrados, quizás
omnívoros. “Doryphoribius es herbívoro porque tiene un tubo muy fino que no le
permite comer otra cosa”, describe. Entonces, estos organismos parecen frágiles
porque no se ven pero tienen mecanismos adaptativos que los hacen resistentes a
las adversidades como, en este caso, los gases que emiten los autos en una
ciudad como Salta, donde el número de vehículos es alto, lo que genera
condiciones que serían en principio desfavorables. “Estamos haciendo
elucubraciones de por qué prosperan en la zona urbana y cuál es el patrón
ecológico al que responden”.
Los ejemplares con los mejores caracteres de las
nuevas especies, llamados holotipos, se encuentran en el Museo de Ciencias
Naturales de la UNSa, mientras que los individuos que respaldan las
observaciones y mediciones, los paratipos, se hallan en el Departamento de
Ciencias Naturales de la UNLPam y en el Museo de Biología Animal de la
Universidad de Catania, institución donde se encuentra la mayor colección de
tardígrados del mundo y de donde proviene Oscar Lisi, el tercer autor del
estudio pionero que da a conocer el hallazgo.
Del descubrimiento realizado en Salta hay muchos
datos para publicar. De hecho, se encuentra en etapa de evaluación otro estudio
donde se describen tres nuevas especies más (aunque una de ellas es de La
Pampa). Además, hay otras cinco especies nuevas para la ciencia pero falta
comenzar con las descripciones científicas, en algunos casos, y culminarlas, en
otros. “Sabemos cuáles son los caracteres principales pero falta medir, sacar
fotos y hacer la descripción de cada estructura diagnóstica. Y después, lo que
se conoce como diagnosis diferencial, que permite discriminar a la nueva
especie que se propone con todas las que son semejantes”, expresa Rocha.
En la mayoría de las campañas de conservación de la
diversidad biológica siempre están presentes la fauna y la flora que se puede
ver. Pero no sucede lo mismo con los microorganismos. “Cuando recorremos los
laberintos de la corteza de un árbol y sus sustratos -líquenes, musgo- podemos
ver que la diversidad es inmensa. Esa corteza, que parece que estuviera
inhabitada a simple vista, presenta una alta diversidad de microorganismos; no
solo de tardígrados, sino también de nematodos, rotíferos, ácaros, insectos y protozoos.
Entonces, resulta trascendente conservar un árbol por la importancia que tiene
per se, por los servicios que brinda al ecosistema y a la comunidad, y también
por la información que ofrece a la ciencia”, resalta la investigadora.
Conservar es más importante aún cuando parte de esa
microfauna, como los llamados osos de agua, tiene características biológicas
únicas que abren caminos en el mundo de la ciencia. Debido a la capacidad de
conservar la estructura plasmática y las proteínas, investigaciones desarrolladas
en Europa pretenden imitar ese proceso de criptobiosis, con el fin de
utilizarlo para la conservación de órganos humanos que puedan ser usados en
trasplantes. Además, científicos japoneses identificaron una proteína llamada
“Dsup”, que es única de los tardígrados y evita que la radiación de los rayos
ultravioleta y la desecación destruyan su material genético. Esta proteína
puede ser transferida a otras células animales. Esta característica ha llevado
a que la comunidad científica se pregunte si en un futuro podría protegerse el
ADN humano de los rayos X y de los ultravioleta. (Fuente: Argentina Investiga /
Mariano Pineda Abella / UNLPam)
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Referencia: NCYT Amazings
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