La Antártida alberga un antiguo “pozo gravitatorio” activo desde hace 70 millones de años

Un estudio revela que una profunda depresión del campo gravitatorio bajo la Antártida —un auténtico “pozo gravitatorio”— se ha mantenido activa desde hace al menos 70 millones de años y podría influir en el nivel del mar y la formación de los grandes glaciares.

La fuerza de la gravedad no es uniforme en todo el planeta. Aunque las diferencias son leves, cambian en función de cómo se distribuyen las masas en el interior terrestre y de la propia forma de la Tierra. Una de las zonas donde esta fuerza es relativamente más baja se encuentra bajo la Antártida, donde los científicos han identificado una anomalía conocida como depresión del geoide, descrita en términos divulgativos como un “pozo gravitatorio”.

Un estudio publicado en la revista científica Scientific Reports, firmado por los investigadores Petar Glišović y Alessandro M. Forte, analiza cómo surgió y evolucionó esta anomalía durante los últimos 70 millones de años. Para ello, los autores emplearon datos sísmicos y simulaciones físicas avanzadas que permiten reconstruir los procesos dinámicos del interior del planeta.

Una anomalía con historia profunda

El análisis establece que esta depresión gravitatoria persiste al menos desde hace 70 millones de años, aunque su intensidad y localización han variado significativamente a lo largo del tiempo. En los primeros momentos del Cenozoico se situaba en el sur del océano Atlántico y, entre hace 40 y 30 millones de años, se desplazó hasta la región antártica donde se encuentra actualmente.

Los modelos indican que atravesó dos etapas principales. Entre 70 y 35 millones de años atrás, su intensidad fluctuó varias veces. Desde hace unos 35 millones de años hasta la actualidad, su magnitud habría aumentado aproximadamente un 30%. Este cambio coincide con una modificación relevante en la orientación del eje de rotación terrestre hace unos 50 millones de años, un fenómeno identificado mediante registros paleomagnéticos y conocido como Verdadero Desplazamiento Polar.

En un primer momento, la anomalía se debía en gran parte a diferencias de densidad en las capas profundas del manto terrestre, responsables de entre el 30% y el 50% de su intensidad total. Sin embargo, en los últimos 35 millones de años, las capas más superficiales del manto han adquirido un papel creciente, incrementando la fuerza del “pozo gravitatorio” bajo la Antártida.

Modelos que reconstruyen el interior del planeta

Para desentrañar esta evolución, los científicos utilizaron una técnica denominada back-and-forth nudging (BFN), que permite simular los movimientos del manto hacia atrás y hacia adelante en el tiempo. El método combina información sísmica —que ayuda a “ver” el interior de la Tierra— con datos sobre el movimiento de las placas tectónicas y las propiedades físicas de los minerales profundos.

En estos modelos, el desplazamiento de las placas no se impone previamente, sino que emerge de manera natural a partir del flujo del material interno. Los investigadores ajustaron además los parámetros para que reflejaran con mayor precisión la respuesta del planeta ante procesos como el peso de los glaciares.

A pesar de probar distintas variantes, los resultados apuntan a una conclusión robusta: la depresión gravitatoria bajo la Antártida ha seguido un patrón persistente y bien definido durante decenas de millones de años.

Influencia en el nivel del mar y el clima

Los autores plantean que las fluctuaciones en este “pozo gravitatorio” podrían haber influido en la altura relativa del nivel del mar en la región, condicionando la formación y expansión de las capas de hielo antárticas.

El estudio identifica además una corriente ascendente de material caliente y menos denso procedente de las zonas profundas del manto que estaría activa desde hace 70 millones de años. Este flujo podría haber contribuido a elevar el terreno bajo el centro del continente y estaría relacionado con la existencia de montañas ocultas bajo el hielo y con el inicio de los grandes glaciares hace unos 34 millones de años.

Aunque los investigadores subrayan que todavía se requieren más estudios para comprender plenamente la conexión entre la dinámica interna del planeta, el nivel del mar y el clima, el trabajo ofrece nuevas claves sobre cómo los procesos que ocurren en las profundidades terrestres pueden influir en la superficie.

Como señaló Alessandro M. Forte en un comunicado de la Universidad de Florida, la gran cuestión que guía estas investigaciones es clara: “¿Cómo se conecta nuestro clima con lo que ocurre dentro del planeta?”.

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