La crisis climática deja 21 ballenas grises muertas en solo tres meses

Investigadores alertan de que la pérdida de hielo en el Ártico está reduciendo la disponibilidad de alimento para las ballenas grises y provocando un incremento de ejemplares muertos o moribundos en la costa del estado de Washington.

Un total de 21 ballenas grises han aparecido muertas o en estado crítico en la costa del estado de Washington durante los últimos tres meses, según han informado investigadores del Instituto de Mamíferos Marinos de la Universidad Estatal de Oregón y otros organismos especializados en el seguimiento de cetáceos.

Los expertos atribuyen este aumento de varamientos a la escasez de alimento en las zonas árticas donde la especie obtiene gran parte de los recursos necesarios para completar su ciclo migratorio.

Los análisis realizados a los ejemplares recuperados muestran graves signos de desnutrición, pérdida extrema de grasa corporal y atrofia muscular, síntomas compatibles con una falta prolongada de recursos alimenticios.

Según los investigadores, la reducción del hielo marino en el Ártico está alterando el funcionamiento de los ecosistemas que sustentan la cadena alimentaria de las ballenas grises. Los cambios en la dinámica del hielo afectan especialmente a los anfípodos, pequeños crustáceos que constituyen una parte fundamental de su dieta.

El biólogo marino John Calambokidis, fundador de Cascadia Research Collective, ha señalado que la población de ballena gris atraviesa una situación preocupante. De acuerdo con las estimaciones disponibles, el número de ejemplares habría descendido desde aproximadamente 27.430 individuos hace una década hasta unos 12.950 ejemplares en la actualidad.

El deshielo altera la cadena alimentaria del Ártico

Los especialistas explican que el deshielo cada vez más temprano modifica el equilibrio ecológico de las aguas polares.

Tradicionalmente, las algas que crecían bajo la capa de hielo acababan depositándose en el fondo marino tras el deshielo estacional, aportando nutrientes a los organismos bentónicos de los que dependen los anfípodos. Sin embargo, el aumento de las temperaturas favorece un crecimiento más temprano del fitoplancton en superficie, lo que altera la disponibilidad de nutrientes en las zonas profundas.

Esta situación reduce las poblaciones de crustáceos que sirven de alimento a las ballenas grises y dificulta que acumulen las reservas energéticas necesarias para completar sus largas migraciones entre las aguas mexicanas y las regiones árticas.

Los investigadores señalan que los cetáceos llegan a las rutas migratorias con niveles de grasa corporal muy bajos, aumentando su vulnerabilidad frente a enfermedades, agotamiento y otros factores de riesgo.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ya declaró en 2019 un evento de mortalidad inusual para esta especie debido al incremento de ejemplares muertos detectados a lo largo de la costa del Pacífico.

Pese a la situación general, algunos grupos de ballenas han comenzado a utilizar áreas alternativas de alimentación fuera del Ártico. Entre ellos figuran ejemplares que buscan alimento en zonas como Puget Sound o en diferentes sectores de la costa norte de California, donde encuentran recursos complementarios para afrontar la reducción de alimento en sus áreas tradicionales.

Los científicos continúan monitorizando la evolución de la especie para evaluar el impacto a largo plazo de los cambios ambientales que se están produciendo en el Ártico y sus consecuencias sobre las poblaciones de ballena gris del Pacífico.

Comentarios

Entradas populares