La inteligencia artificial emitirá tanto CO₂ como todo Reino Unido antes de 2030

Un informe de Naciones Unidas advierte de que el crecimiento de la inteligencia artificial disparará el consumo de electricidad y agua de los centros de datos, elevando las emisiones de CO₂ hasta los 400 millones de toneladas anuales en esta década.

La rápida expansión de la inteligencia artificial (IA) podría tener importantes consecuencias medioambientales si no se adoptan medidas para reducir su impacto. Así lo advierte un nuevo informe de Naciones Unidas, que alerta de que los centros de datos necesarios para sostener esta tecnología podrían generar hasta 400 millones de toneladas de dióxido de carbono al año en 2030, una cifra comparable a las emisiones anuales de un país industrializado como el Reino Unido.

El estudio señala que la creciente demanda de sistemas de inteligencia artificial está impulsando la construcción y ampliación de grandes infraestructuras informáticas capaces de procesar enormes cantidades de datos de forma ininterrumpida. Estas instalaciones, conocidas como centros de datos, requieren cantidades cada vez mayores de energía y recursos para funcionar.

Según las previsiones recogidas en el informe, el consumo eléctrico de estos centros podría acercarse a los 1.000 teravatios-hora (TWh) anuales antes de que termine la década. Esta cifra equivale aproximadamente al consumo total de electricidad de Francia o al que utilizarían durante cinco años los cerca de 1.300 millones de habitantes del África subsahariana.

Los autores del estudio destacan que, de mantenerse esta tendencia, los centros de datos ocuparían por sí solos el undécimo puesto mundial en consumo eléctrico si se consideraran un país independiente.

El consumo de agua también preocupa a los expertos

Además de la energía, la refrigeración de los servidores representa otro de los grandes desafíos ambientales asociados a la inteligencia artificial. Para evitar el sobrecalentamiento de los equipos, estas instalaciones utilizan importantes cantidades de agua.

La ONU estima que el conjunto de los centros de datos del mundo podría llegar a consumir alrededor de 9,3 billones de litros de agua, un volumen que permitiría cubrir las necesidades básicas de agua potable de toda la población mundial durante más de un año y medio.

Desde el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de Naciones Unidas recuerdan que la inteligencia artificial no es únicamente una herramienta digital, sino una infraestructura física con una huella ambiental cada vez más relevante.

Desigualdad tecnológica y concentración del poder computacional

El informe también pone el foco en las desigualdades derivadas del desarrollo de esta tecnología. Actualmente, solo un 16% de los países del mundo dispone de infraestructuras especializadas para inteligencia artificial, mientras que Estados Unidos y China concentran aproximadamente el 90% de la capacidad instalada.

Los expertos advierten de que muchos países en desarrollo podrían verse obligados a asumir parte de los costes ambientales asociados a estas infraestructuras sin beneficiarse plenamente de sus ventajas económicas y tecnológicas.

La investigación señala además que el auge de la inteligencia artificial está impulsando el valor de las grandes compañías tecnológicas. En la actualidad, nueve de las diez empresas más valiosas del mundo están vinculadas de una u otra forma al sector de la IA, y ocho de ellas tienen su sede en Estados Unidos.

Los expertos piden una reflexión sobre el uso de la IA

Diversos especialistas consultados tras la publicación del informe consideran que el documento aporta una visión necesaria sobre un problema poco conocido por la opinión pública.

Aunque recuerdan que las previsiones pueden variar en función de futuros avances tecnológicos, mejoras en la eficiencia energética o cambios regulatorios, coinciden en que el crecimiento de la inteligencia artificial obliga a reflexionar sobre el equilibrio entre innovación tecnológica y sostenibilidad ambiental.

El informe llega además en un momento de creciente debate internacional sobre el impacto social, económico y ambiental de la inteligencia artificial, una tecnología que continúa expandiéndose a gran velocidad en prácticamente todos los sectores de la sociedad.

 

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