Una IA reescribe la historia de los Manuscritos del Mar Muerto y apunta a que pudieron ser escritos por los propios evangelistas
Un sistema desarrollado por la Universidad de Groningen ha permitido datar varios manuscritos en una época anterior a la aceptada hasta ahora, abriendo nuevas perspectivas sobre los orígenes del Antiguo Testamento.
Una
investigación internacional ha logrado situar cronológicamente algunos de los
Manuscritos del Mar Muerto en fechas más antiguas de lo que se pensaba gracias
a una innovadora herramienta de inteligencia artificial. El avance, liderado
por la Universidad de Groningen, supone un importante paso adelante en el
estudio del judaísmo antiguo y de los textos que forman parte de la tradición
bíblica.
Los
Manuscritos del Mar Muerto, descubiertos a mediados del siglo XX en las cuevas
de Qumrán, junto al mar Muerto, constituyen uno de los hallazgos arqueológicos
más relevantes de la historia. Hasta ahora, gran parte de su datación dependía
de análisis físicos como el radiocarbono, un método eficaz pero que presenta
limitaciones y que, en algunos casos, puede verse afectado por contaminaciones
posteriores.
La nueva
herramienta, denominada Enoch,
ha sido diseñada para analizar los rasgos de la escritura sin necesidad de
intervenir físicamente sobre los documentos. El sistema ha sido entrenado con
miles de imágenes de trazos de tinta procedentes de manuscritos cuya antigüedad
ya había sido determinada mediante métodos científicos. A partir de esos
patrones, la inteligencia artificial es capaz de comparar estilos caligráficos
y estimar la fecha de otros textos sin cronología conocida.
Textos bíblicos más cercanos a sus autores
Uno de los
resultados más sorprendentes del estudio afecta a fragmentos de los libros de Daniel y Eclesiastés.
Según los investigadores, estos manuscritos podrían haber sido copiados en
fechas muy próximas al momento en que fueron redactados originalmente,
convirtiéndose en algunos de los textos bíblicos más antiguos cuya cronología
puede relacionarse directamente con la época de sus autores.
Los
científicos consideran que este hallazgo ofrece una nueva visión sobre la transmisión
de los textos sagrados y acerca la posibilidad de comprender mejor cómo se
desarrolló la literatura bíblica en sus primeras etapas.
La
investigación también ha revelado que dos importantes estilos de escritura
hebrea, conocidos como asmoneo
y herodiano, coexistieron durante más tiempo del que
se creía. Este dato cuestiona algunas teorías tradicionales sobre el origen de
los manuscritos hallados en Qumrán y sugiere que parte de ellos pudo haber sido
copiada en otros lugares antes de ser almacenada en las célebres cuevas.
Otro aspecto
destacado del estudio es la corrección de algunas dataciones previas. Los
investigadores descubrieron que determinados manuscritos habían sido tratados
en la década de 1950 con aceite de
ricino para mejorar su legibilidad, una práctica que alteró
parcialmente los resultados de algunas pruebas de radiocarbono realizadas
posteriormente.
Los nuevos
datos obligan ahora a revisar parte de la cronología aceptada sobre el judaísmo
antiguo y sobre la evolución de la escritura hebrea. Además, los expertos
apuntan a que diversos acontecimientos políticos y culturales ocurridos en el
Mediterráneo oriental durante los periodos de los Ptolomeos,
los Seleúcidas y la dinastía asmonea
pudieron influir en los cambios lingüísticos y caligráficos antes de lo que
hasta ahora se había estimado.
El estudio, publicado en la revista científica PLOS One, demuestra además el potencial de la
inteligencia artificial para analizar documentos históricos extremadamente
delicados, abriendo una nueva etapa en la investigación de algunos de los
textos más importantes de la historia de la humanidad.









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