El cometa Tempel 2 vuelve a acercarse a la Tierra y ofrece una de las mejores oportunidades de observación de los últimos años

El histórico cometa 10P/Tempel 2 regresa al Sistema Solar interior en una de sus aproximaciones más favorables de la última década. Aunque pasará a decenas de millones de kilómetros de nuestro planeta y no supone ningún riesgo, astrónomos de todo el mundo ya siguen su evolución con telescopios y prismáticos.

Los aficionados a la astronomía tienen este verano una cita especial con uno de los visitantes más conocidos del Sistema Solar. El cometa 10P/Tempel 2, descubierto hace más de 150 años, vuelve a aproximarse a la Tierra en un paso especialmente favorable que permitirá observarlo con relativa facilidad desde lugares oscuros y con cielos despejados.

Este cometa periódico, perteneciente a la familia de Júpiter, completa una órbita alrededor del Sol aproximadamente cada 5,4 años. En esta ocasión alcanzará su perihelio, el punto más cercano al Sol, el próximo 2 de agosto, mientras que su máxima aproximación a la Tierra se producirá un día después, cuando pase a unos 61,9 millones de kilómetros de nuestro planeta, una distancia completamente segura desde el punto de vista astronómico.

Lejos de representar una amenaza, Tempel 2 constituye un excelente objetivo para los observadores del cielo. Durante las próximas semanas aumentará progresivamente su brillo hasta situarse entre las magnitudes 8 y 9, suficiente para ser localizado con prismáticos de gran apertura o pequeños telescopios desde zonas alejadas de la contaminación lumínica.

Una reliquia de los orígenes del Sistema Solar

Los cometas son considerados auténticas cápsulas del tiempo. Formados hace unos 4.600 millones de años, conservan hielo, polvo y compuestos orgánicos prácticamente inalterados desde el nacimiento del Sistema Solar.

El núcleo de Tempel 2 tiene un diámetro aproximado de 10 kilómetros y está compuesto por materiales muy oscuros, ricos en compuestos carbonosos. A medida que se acerca al Sol, el calor provoca la sublimación de los hielos superficiales, liberando gas y polvo que forman la característica coma brillante y una larga cola que puede extenderse cientos de miles de kilómetros por el espacio.

Precisamente esa cola ha protagonizado una de las imágenes astronómicas más llamativas de los últimos días. Diversos astrofotógrafos han conseguido captar con gran detalle la estela de polvo dejada por Tempel 2 mientras atraviesa el Sistema Solar interior, mostrando una estructura extremadamente fina y alargada.

Según los especialistas, las mejores jornadas para intentar observar el cometa coinciden con la ausencia de Luna o con noches en las que nuestro satélite apenas ilumina el cielo, ya que la oscuridad facilita distinguir el tenue resplandor verdoso característico de estos cuerpos helados.

Aunque Tempel 2 ha visitado las proximidades de la Tierra en numerosas ocasiones desde su descubrimiento en 1873, esta nueva aparición se considera una de las más interesantes de los últimos años por la favorable geometría de observación y por el brillo que alcanzará durante las próximas semanas.

Los astrónomos recuerdan, además, que el cometa permanecerá siempre a una distancia enorme de nuestro planeta. Su acercamiento no supone ningún peligro de impacto, sino una oportunidad excepcional para contemplar uno de los objetos más antiguos y primitivos que aún sobreviven desde la formación del Sistema Solar.

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