Un planeta gigante sobrevive a la muerte de su estrella y revela el posible futuro del Sistema Solar

El telescopio espacial James Webb ha estudiado un extraño mundo que continúa existiendo alrededor de los restos de una estrella muerta, ofreciendo nuevas pistas sobre el destino de los planetas cuando sus soles desaparecen

Un planeta situado a unos 80 años luz de la Tierra está ayudando a los científicos a responder una de las grandes preguntas de la astronomía: ¿qué ocurre con los mundos que orbitan una estrella cuando esta llega al final de su vida?

El protagonista es WD 1856 b, un enorme planeta gaseoso de un tamaño similar al de Júpiter que gira alrededor de una enana blanca, el núcleo restante de una antigua estrella parecida al Sol que agotó su combustible, se expandió hasta convertirse en una gigante roja y finalmente perdió sus capas exteriores.

Lo sorprendente es que este planeta sigue intacto. Cuando una estrella entra en su fase final y aumenta enormemente de tamaño, los planetas cercanos pueden ser devorados o destruidos. Sin embargo, WD 1856 b logró sobrevivir y ahora se encuentra en una órbita extremadamente cercana alrededor del cadáver estelar.

Gracias a las observaciones del telescopio espacial James Webb, los investigadores han podido analizar este extraño sistema con un detalle sin precedentes. El potente observatorio espacial estudió la luz que atraviesa la atmósfera del planeta cuando pasa por delante de su pequeña estrella muerta, detectando señales de moléculas como el metano y obteniendo información sobre sus características.

Un superviviente de un cataclismo cósmico

Los nuevos datos apuntan a que WD 1856 b probablemente no estuvo siempre tan cerca de su estrella. La hipótesis principal es que el planeta nació en una órbita mucho más alejada, consiguió evitar la destrucción durante la fase de gigante roja y posteriormente migró hacia el interior del sistema por interacciones gravitatorias con otros cuerpos.

El hallazgo es especialmente interesante porque podría ofrecer una ventana al futuro lejano de nuestro propio Sistema Solar. Dentro de miles de millones de años, el Sol también agotará su combustible, se transformará en una gigante roja y acabará convertido en una enana blanca. Aunque los planetas interiores afrontarán un destino extremo, investigaciones como esta muestran que algunos mundos gigantes podrían sobrevivir a la muerte de su estrella.

Para los astrónomos, WD 1856 b demuestra que la muerte de una estrella no siempre significa el final absoluto de un sistema planetario. Incluso alrededor de los restos apagados de antiguos soles pueden quedar mundos supervivientes, auténticos testigos de los últimos capítulos de la evolución estelar.

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