Un fósil hallado en Yale muestra el ataque de un gigantesco depredador marino a un ictiosaurio hace 160 millones de años

Investigadores de Yale y de la Universidad de Módena han identificado una vértebra de ictiosaurio perforada por un diente roto de pliosaurio, una de las evidencias más directas de depredación entre grandes reptiles marinos del Jurásico halladas hasta la fecha.

Un equipo científico ha documentado un excepcional fósil que aporta nuevas pruebas sobre las interacciones entre los grandes depredadores marinos del Jurásico. El hallazgo consiste en una vértebra de ictiosaurio atravesada por la punta rota de un diente de pliosaurio, una evidencia que apunta a un violento ataque ocurrido hace aproximadamente 160 millones de años en los mares que cubrían parte de la actual Inglaterra.

La investigación ha sido realizada por Caleb Gordon y Daniel Brinkman, de la Universidad de Yale, junto con Giovanni Serafini, de la Universidad de Módena y Reggio Emilia. El estudio se centra en un fósil conservado durante décadas en las colecciones del Museo Peabody de Yale y cuya importancia pasó desapercibida hasta una revisión reciente.

Una vértebra atravesada por un diente

Los análisis permitieron identificar el fósil como una vértebra perteneciente a un ictiosaurio, un reptil marino con aspecto similar al de un delfín que dominó los océanos durante buena parte de la Era Mesozoica.

La pieza presenta incrustada la punta de un diente de pliosaurio, un gran depredador marino equipado con mandíbulas extremadamente potentes y dientes que podían superar los 13 centímetros de longitud.

Según los investigadores, la perforación se localiza en la parte central de la vértebra, una zona especialmente vulnerable. La fuerza ejercida durante la mordedura fue suficiente para fracturar la punta del diente y dejarla atrapada en el hueso.

Los autores consideran que la explicación más probable es un episodio de depredación, aunque no descartan completamente que el pliosaurio estuviera alimentándose de un cadáver.

Una prueba excepcional de interacción entre especies

Los científicos destacan que este tipo de evidencias son extremadamente raras en el registro fósil. Aunque desde hace años se sospechaba que los pliosaurios podían alimentarse de ictiosaurios, hasta ahora las pruebas directas eran escasas.

La vértebra confirma que ambos animales interactuaron físicamente y aporta información valiosa sobre la cadena trófica de los ecosistemas marinos del Jurásico Superior.

El fósil indica además que la mordedura se produjo cerca de la cola del ictiosaurio, según los análisis anatómicos realizados por los especialistas.

Un fósil olvidado durante más de un siglo

La investigación también permitió reconstruir la historia del ejemplar. Los registros del Museo Peabody indican que el fósil fue adquirido por el paleontólogo estadounidense Othniel Charles Marsh entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Los investigadores creen que fue recolectado alrededor de 1888 por el naturalista británico Alfred Nicholson Leeds en los depósitos de la Formación Oxford Clay, cerca de Peterborough, en Inglaterra, uno de los yacimientos marinos jurásicos más importantes del mundo.

A pesar de haber sido incorporado a la colección hace más de un siglo, el ejemplar no fue catalogado oficialmente hasta 1927 y permaneció almacenado durante décadas sin recibir una atención científica detallada.

Fue en septiembre de 2024 cuando Caleb Gordon localizó la pieza durante una revisión de fósiles de ictiosaurios conservados en el museo.

Importancia científica del descubrimiento

Los autores subrayan que el hallazgo demuestra el valor de las colecciones históricas y la importancia de revisar materiales almacenados desde hace décadas.

La combinación de análisis anatómicos y trabajo archivístico permitió identificar tanto la procedencia del fósil como las especies implicadas en el episodio.

El estudio aporta una nueva evidencia sobre el comportamiento de los grandes depredadores marinos del Jurásico y mejora el conocimiento científico sobre los ecosistemas oceánicos que existieron millones de años antes de la aparición de los mamíferos modernos.

El trabajo científico ha sido publicado recientemente en una revista especializada en paleontología.

 

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