Un hallazgo arqueológico revela las duras condiciones de vida de los balleneros que trabajaban en el Ártico hace cuatro siglos
Una investigación realizada en el archipiélago noruego de Svalbard ha documentado graves lesiones, enfermedades y desgaste físico en marineros dedicados a la industria ballenera durante los siglos XVII y XVIII.
Un estudio científico publicado en
la revista PLOS
One ha analizado los restos de 20 balleneros enterrados en el
yacimiento de Likneset,
en el archipiélago ártico de Svalbard, y ha confirmado las duras condiciones
físicas y sanitarias que afrontaban los trabajadores de la industria ballenera
europea durante los siglos XVII y XVIII.
La investigación, desarrollada por
arqueólogos y antropólogos forenses, ha permitido reconstruir el estado de
salud de estos marineros, muchos de los cuales fallecieron antes de cumplir los
30 años. Los análisis revelan elevados niveles de desgaste óseo, lesiones
articulares, fracturas cicatrizadas y signos de enfermedades asociadas a las
extremas condiciones de trabajo en el Ártico.
La expansión de la actividad
ballenera en Svalbard comenzó a principios del siglo XVII, después de que el
explorador neerlandés Willem Barentsz avistara la isla principal del
archipiélago en 1596. A partir de entonces, numerosos barcos procedentes de
países como Holanda, Inglaterra, Noruega y Dinamarca comenzaron a operar en las
aguas del norte para capturar cetáceos.
La grasa de las ballenas se
utilizaba principalmente para la producción de aceite destinado al alumbrado y
a usos industriales, mientras que las barbas del animal tenían aplicaciones en
la fabricación de corsés y otros productos rígidos. Según los investigadores,
hacia finales del siglo XVII cientos de embarcaciones participaban cada verano
en estas campañas de caza.
Lesiones y
enfermedades generalizadas
Los trabajos se centraron en el
análisis de un antiguo cementerio formado por tumbas poco profundas marcadas
con montículos de piedra. Los restos estudiados corresponden principalmente a
hombres jóvenes fallecidos entre los 20 y los 25 años.
Los investigadores detectaron
fracturas ya consolidadas, lesiones vertebrales y un importante deterioro en
hombros, caderas, rodillas y pies. De los 19 individuos analizados en detalle,
18 presentaban signos de enfermedades degenerativas articulares relacionadas
con trabajos físicos intensos y repetitivos.
El estudio concluye que las tareas
propias de la actividad ballenera, como remar durante largas jornadas,
arrastrar grandes cetáceos y procesar la grasa en condiciones climáticas
extremas, provocaban un desgaste físico prematuro que afectaba especialmente a
la parte superior del cuerpo.
Además de los daños
musculoesqueléticos, los científicos encontraron evidencias de escorbuto en
gran parte de los esqueletos examinados. Esta enfermedad, provocada por la
falta prolongada de vitamina C, generaba debilidad muscular, pérdida de piezas
dentales y problemas inmunológicos.
Los análisis también identificaron
marcas características en los dientes de varios individuos, asociadas al uso
habitual de pipas de fumar.
El deshielo
amenaza el patrimonio arqueológico
La investigación también alerta
del impacto que el cambio climático está teniendo sobre el patrimonio
arqueológico del Ártico. El deshielo progresivo del permafrost está afectando a
la conservación del cementerio de Likneset y de otros enclaves históricos de la
región.
Los arqueólogos compararon
excavaciones realizadas en las décadas de 1980 con intervenciones efectuadas
entre 2016 y 2019 y comprobaron que, aunque los esqueletos continúan
relativamente bien conservados, los tejidos orgánicos y los materiales
asociados a los enterramientos han sufrido un deterioro acelerado.
Según los investigadores, la
pérdida de estabilidad del terreno está provocando desplazamientos en las
estructuras funerarias, hundimientos y procesos de erosión costera que ya han
destruido parte del yacimiento.
Los autores del estudio consideran
que las actuales estrategias de conservación resultan insuficientes ante la
rapidez con la que avanza el calentamiento del Ártico y advierten de que
podrían perderse importantes registros históricos relacionados con una de las
primeras grandes industrias extractivas desarrolladas por Europa.
El trabajo científico subraya además que el deshielo del
permafrost no solo supone una amenaza para el patrimonio arqueológico, sino que
también puede contribuir a la liberación de gases de efecto invernadero y
provocar alteraciones en los ecosistemas polares.










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