El increíble hallazgo de dos bichos palo gigantes desconocidos para la ciencia
Dos nuevas especies de bicho palo han sido identificadas en Queensland. Una sobrevivía inadvertida en una selva tropical críticamente amenazada y la otra llevaba alrededor de medio siglo ante los ojos de los investigadores, pero clasificada con el nombre equivocado.
Australia vuelve a demostrar hasta qué punto su biodiversidad continúa
guardando secretos. Una investigación realizada sobre ejemplares del género Anchiale
ha permitido identificar dos nuevas especies de grandes bichos palo en
Queensland, pese a que ambos animales proceden de zonas estudiadas desde
hace décadas.
El trabajo, publicado en la revista científica Austral Entomology,
combinó análisis genéticos con detalladas comparaciones anatómicas. Los
resultados muestran que el extraordinario camuflaje de estos insectos y el
enorme parecido entre especies próximas pueden hacer que animales diferentes
permanezcan durante años sin ser reconocidos por la ciencia.
Las dos especies han sido denominadas Anchiale mabiensis y Anchiale
robusta, pero las historias que condujeron a su identificación son muy
distintas.
La primera permanecía oculta en uno de los ecosistemas más amenazados de
Australia. Anchiale mabiensis habita la selva de Mabi, en Atherton
Tablelands, al norte de Queensland, un bosque tropical considerado
críticamente amenazado.
En 2021 quedaban apenas unas 1.050 hectáreas de este ecosistema y,
además, no forman una masa forestal continua, sino que sobreviven fragmentadas
entre extensas zonas agrícolas.
Todo apunta a que este enorme bicho palo es endémico de la selva de Mabi,
por lo que su futuro estaría estrechamente relacionado con la conservación de
los últimos fragmentos de este particular bosque australiano.
El otro llevaba 50
años delante de los científicos
La historia de Anchiale robusta resulta todavía más
sorprendente. El insecto no permanecía escondido en una selva prácticamente
desconocida: había sido observado y documentado desde al menos 1976.
Durante décadas, sus huevos y ejemplares fueron atribuidos a otra especie, Ctenomorphodes
briareus, posteriormente denominada Anchiale briareus. Sin embargo,
los nuevos análisis genéticos y la revisión de su anatomía han demostrado que
aquellos animales pertenecían realmente a una especie diferente.
De este modo, un insecto conocido y registrado desde hacía aproximadamente medio
siglo había conseguido pasar inadvertido como especie independiente.
Las diferencias encontradas son suficientemente importantes para separar
ambas líneas evolutivas, también desde el punto de vista reproductivo. El
nombre robusta hace precisamente referencia al mayor tamaño del
animal respecto a su especie hermana.
Los investigadores encontraron otra pista fundamental en algo aparentemente
pequeño: sus huevos.
Los de Anchiale mabiensis presentan una tonalidad marrón similar al
café, son más alargados y menos brillantes que los de especies próximas y
poseen unos particulares anillos internos en su cubierta que no se habían
observado hasta ahora en otros bichos palo.
Los huevos de Anchiale robusta, por su parte, son todavía más
oscuros. Cuando son depositados presentan una superficie muy brillante, aunque
con el paso del tiempo adquieren una apariencia irregular y mate.
El entomólogo de la Universidad de Sídney Braxton Jones ha comparado
este tipo de investigaciones taxonómicas con un auténtico trabajo detectivesco.
Incluso entre algunos de los insectos australianos más fotografiados y
registrados, señala, continúan apareciendo especies cuya verdadera identidad
había escapado al reconocimiento científico.
El descubrimiento de Anchiale mabiensis tiene además una importante
dimensión para la conservación. La fragmentación de la selva de Mabi
hace que sus últimos reductos sean especialmente vulnerables al impacto del
pastoreo y a la entrada de animales asilvestrados y plantas invasoras.
La presencia allí de una especie aparentemente exclusiva de este ecosistema
demuestra que incluso pequeños fragmentos de bosque pueden esconder animales
todavía desconocidos para la ciencia.
Los dos nuevos bichos palo representan así dos formas completamente
diferentes de permanecer ocultos: uno consiguió pasar inadvertido gracias a una
selva cada vez más reducida; el otro estuvo durante unos 50 años delante de
los investigadores bajo una identidad equivocada. Ambos casos muestran que
incluso entre los animales más llamativos de Australia todavía queda
biodiversidad por descubrir.





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