Descubren un «planeta fénix» nacido de las cenizas de su propia estrella
Astrónomos han identificado un gigantesco exoplaneta que podría haberse formado después de la muerte de su estrella, utilizando el material expulsado durante sus últimas etapas. El mundo orbita ahora alrededor de la enana blanca resultante y constituye, según los investigadores, el primer ejemplo conocido de un planeta formado alrededor de uno de estos cadáveres estelares.
Un
planeta situado a unos 250 años luz de la Tierra podría representar una
forma de nacimiento planetario nunca observada hasta ahora. Los astrónomos
sostienen que este gigantesco mundo no nació junto a su estrella, sino después
de que esta muriera y se transformara en una enana blanca.
La
peculiar historia ha llevado a compararlo con el fénix de la
mitología, el ave que renacía de sus propias cenizas. En este
caso, el planeta habría surgido del material expulsado al espacio durante las
últimas etapas de evolución de su estrella.
El
descubrimiento ha sido presentado en un estudio publicado en Nature
Astronomy y liderado por Jamie Williams, investigador de
astrofísica de la Universidad de Warwick.
Los
científicos lo consideran un posible planeta de segunda generación. A diferencia de la
Tierra y del resto de planetas del Sistema Solar, que se formaron a partir del
disco de gas y polvo existente alrededor del joven Sol, este mundo habría
aparecido posteriormente, utilizando los restos de una estrella que ya había
completado buena parte de su evolución.
El
sistema se encuentra en dirección a la constelación de Cetus.
El planeta es un gigante gaseoso posiblemente algo mayor que Júpiter y completa
una vuelta alrededor de la enana blanca en apenas 4,4 días.
Su
órbita es extremadamente próxima: la distancia que lo separa del cadáver
estelar equivale aproximadamente al 4 % de la existente entre la Tierra y el Sol.
Un
planeta que está siendo destruido por la estrella de la que nació
Esa
proximidad tiene consecuencias. La intensa radiación ultravioleta de la
caliente enana blanca está provocando la evaporación de las capas exteriores de la atmósfera del planeta,
y parte de ese material termina cayendo hacia el remanente estelar.
Precisamente
el análisis químico ha proporcionado una de las principales pistas sobre su
extraordinario origen. Los investigadores han detectado elementos como niobio, cobre
y zinc, materiales asociados al contenido expulsado por
determinadas estrellas durante sus fases finales.
La
explicación propuesta es que, al morir la estrella original, parte del material
expulsado permaneció formando un disco alrededor de la enana blanca. De ese
material habría terminado naciendo posteriormente el nuevo planeta.
Los
investigadores utilizaron observaciones procedentes de los telescopios
espaciales Hubble,
TESS y FUSE y esperan que futuras observaciones con el telescopio
espacial James Webb permitan comprobar con mayor precisión esta
interpretación.
El
hallazgo resulta especialmente relevante porque las enanas blancas son el
destino final de la inmensa mayoría de las estrellas de la Vía Láctea. Los
investigadores plantean que, si pueden formarse gigantes gaseosos alrededor de
ellas, también podría ser posible la aparición de planetas
rocosos de segunda generación.
Incluso
se abre una posibilidad todavía más llamativa. Como las enanas blancas se
enfrían lentamente durante enormes periodos de tiempo, un planeta rocoso
situado a una distancia adecuada podría permanecer durante miles de
millones de años en una región con temperaturas potencialmente compatibles con
agua líquida.
Esto
no significa que se haya encontrado vida ni un planeta habitable. El mundo
recién descubierto sería extremadamente hostil, pero demuestra, si su origen
termina de confirmarse, que la formación de planetas podría continuar incluso después de la
muerte de una estrella.
El
estudio dibuja así un escenario extraordinario: una estrella muere, expulsa al
espacio parte de su materia y deja tras de sí una enana blanca; millones de
años después, parte de esos restos pueden reorganizarse hasta formar un nuevo
mundo. Un auténtico «planeta fénix» nacido de las cenizas de su propia estrella.










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