La NASA estudia cómo alimentar a los astronautas durante tres años en una misión a Marte
Conservar alimentos durante años sin perder sus nutrientes, evitar las deficiencias vitamínicas y combatir la pérdida de apetito son algunos de los principales desafíos que afronta la NASA para preparar los futuros viajes tripulados al planeta rojo.
La NASA trabaja en el desarrollo de sistemas de alimentación
capaces de garantizar una dieta equilibrada a los astronautas durante una
misión a Marte, cuyo viaje de ida y vuelta podría prolongarse entre dos años y
medio y tres años. A diferencia de lo que ocurre en la Estación Espacial
Internacional, los tripulantes no podrán recibir suministros periódicos desde
la Tierra.
El investigador Scott M. Smith, responsable del Laboratorio de
Bioquímica Nutricional del Centro Espacial Johnson de la NASA, explicó estos
desafíos durante la V Jornada CODINUCyL, organizada por el Colegio Profesional
de Dietistas-Nutricionistas de Castilla y León en colaboración con la
Universidad Pontificia de Salamanca.
La alimentación espacial incluye productos habituales como avena,
ternera, pescado, pasta, verduras e incluso cóctel de gambas con salsa picante.
Sin embargo, el verdadero desafío consiste en mantener su calidad nutricional
durante varios años, especialmente en el caso de vitaminas
sensibles al almacenamiento prolongado.
Vitaminas, pérdida muscular y alimentos para tres años
La microgravedad provoca cambios importantes en el organismo,
entre ellos pérdida de masa muscular y densidad ósea. Para reducir estos
efectos, los astronautas necesitan una alimentación adecuada en proteínas,
acompañada de ejercicio físico regular.
La vitamina D también requiere especial atención, ya que los
tripulantes no reciben suficiente exposición solar para producirla de forma
natural. Por ello, recurren a alimentos enriquecidos y suplementos. La vitamina
C constituye otro nutriente importante, cuya conservación durante largos
periodos representa un desafío para las futuras misiones.
La NASA investiga además alteraciones visuales asociadas a los
vuelos espaciales, conocidas como síndrome neuroocular, que pueden afectar a la
retina y al nervio óptico. La vigilancia médica incluye análisis de sangre y
orina para controlar el estado nutricional de los astronautas.
Los alimentos espaciales se transportan deshidratados,
termoestabilizados o envasados para reducir su volumen y prolongar su
conservación. Las tortillas de trigo sustituyen habitualmente al pan, ya que
evitan la dispersión de migas en condiciones de microgravedad.
Otro problema es la monotonía alimentaria. Consumir
repetidamente los mismos platos puede reducir el apetito y provocar una ingesta
insuficiente de calorías, con consecuencias para la salud y el
rendimiento de la tripulación.
Para investigar estas dificultades, la NASA desarrolla el programa
CHAPEA, que reproduce algunas condiciones de una misión marciana mediante el
aislamiento prolongado de tripulaciones voluntarias en un hábitat situado en
Houston.
El objetivo es comprender cómo mantener la salud física y
nutricional durante expediciones de larga duración, en las que la alimentación
deberá garantizar la supervivencia de los astronautas sin depender de nuevos
suministros terrestres.











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