Graban un saltamontes rosa, uno de los animales más raros del planeta

Un equipo del Departamento de Conservación de Nueva Zelanda ha documentado el avistamiento de uno de los animales más singulares y raros del mundo: un saltamontes de color rosa, localizado en un entorno natural del sur del país durante una campaña científica anual. El descubrimiento se produjo en las inmediaciones del lago Tekapo, dentro de una zona clave para la biodiversidad del MacKenzie Basin.

El ejemplar pertenece al conocido como saltamontes robusto, una especie endémica de Nueva Zelanda y considerada el mayor saltamontes de tierras bajas del país. De forma habitual, estos insectos presentan tonalidades grises o marrones que les permiten camuflarse eficazmente entre las piedras y sedimentos de los ríos trenzados que conforman su único hábitat conocido.

La responsable del hallazgo, la guardabosques Jen Schori, explicó en declaraciones recogidas por The Guardian que el encuentro fue completamente inesperado. “Había oído rumores sobre uno rosa, pero nunca había visto ninguno”, reconoció. La rareza del momento fue aún mayor al comprobar que se trataba de una hembra adulta, un factor que incrementa su vulnerabilidad debido a la elevada visibilidad de su coloración.

Según los especialistas, el llamativo tono rosado se debe a una mutación genética extremadamente infrecuente conocida como eritrismo. Este fenómeno provoca una sobreproducción de pigmentos rojos y una reducción de los pigmentos habituales, alterando por completo el aspecto del animal y eliminando su principal defensa natural: el camuflaje.

El hallazgo adquiere especial relevancia por la delicada situación de la especie. Las estimaciones oficiales sitúan la población adulta del saltamontes robusto entre apenas 250 y 1.000 ejemplares, lo que ha llevado a catalogarlo como especie en peligro. La pérdida de hábitat, el calentamiento del clima y la presión de depredadores introducidos suponen amenazas constantes para su supervivencia.

Las hembras de esta especie pueden llegar a duplicar el tamaño de los machos y requieren una elevada exposición al sol para alcanzar la temperatura corporal necesaria para alimentarse y completar el desarrollo de los huevos. Aunque son excelentes saltadoras en espacios abiertos, presentan dificultades al aterrizar, lo que incrementa el riesgo de caídas y de ser capturadas por depredadores.

Parte del hábitat del saltamontes robusto fue protegido en 2018 mediante la instalación de una valla de exclusión de depredadores, considerada el primer santuario de insectos del mundo. Sin embargo, el ejemplar rosa fue localizado fuera de esta zona protegida, lo que aumenta la incertidumbre sobre su supervivencia. Como señaló la propia Schori, “tendrá que valerse por sí misma”.

El descubrimiento no solo ha despertado fascinación por su rareza, sino que también sirve como recordatorio de la fragilidad de los ecosistemas y de la importancia de los programas de conservación para proteger especies únicas que, en muchos casos, están al borde de desaparecer.

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