La IA podría ahorrar miles de experimentos con animales cada año

España redujo un 22,5% los experimentos con animales en 2024, pero aumentaron las pruebas con mayor sufrimiento

Los laboratorios españoles utilizaron 887.241 animales con fines científicos y docentes durante 2024. Aunque la cifra total descendió respecto al año anterior, los procedimientos moderados y severos aumentaron, mientras nuevas herramientas basadas en inteligencia artificial podrían reducir su uso en el futuro.

Los centros de investigación españoles utilizaron 887.241 animales en experimentos científicos y actividades docentes durante 2024, una cifra que representa una reducción del 22,5% respecto a 2023, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Sin embargo, detrás de este descenso aparece una realidad que ha generado preocupación entre asociaciones y expertos: el número total de animales utilizados se redujo, pero el nivel de sufrimiento asociado a los procedimientos aumentó.

Los datos muestran un cambio significativo en el tipo de experimentación realizada. Los procedimientos considerados leves pasaron de representar el 66% al 50% del total, mientras que los clasificados como moderados aumentaron del 25% al 40%, y los procedimientos severos crecieron del 5,8% al 7,8%.

Esto significa que, aunque se utilizaron menos animales, aquellos que permanecieron dentro de los programas de investigación fueron sometidos, de media, a procesos más invasivos o con un mayor impacto sobre su bienestar.

La reducción global tampoco responde necesariamente a una transformación estructural del sistema experimental. Gran parte del descenso se explica por una caída muy importante en el uso de lubinas, que pasaron de 337.536 procedimientos en 2023 a 33.558 en 2024, debido a la finalización de proyectos concretos relacionados con la investigación en piscifactorías.

La directora de AnimaNaturalis España, Aïda Gascón, considera que este descenso debe analizarse con cautela. Según señala, la reducción estadística "no debe interpretarse automáticamente como un avance ético real en la protección de los animales utilizados en investigación".

Actualmente, la legislación española obliga a aplicar el principio de las 3R: Reemplazo, Reducción y Refinamiento, recogido inicialmente en el Real Decreto 53/2013 y reforzado posteriormente por nuevas modificaciones normativas que exigen justificar de forma más estricta la imposibilidad de utilizar métodos alternativos.

La investigación biomédica continúa siendo el principal destino de estos procedimientos. Según los datos oficiales, la investigación oncológica concentra aproximadamente el 36% del total de usos registrados, principalmente mediante modelos experimentales con ratones. También se ha detectado un incremento importante de los estudios relacionados con enfermedades neurológicas y trastornos mentales.

En este contexto, investigadores europeos trabajan ya en nuevas tecnologías destinadas a reducir la dependencia de modelos animales. Uno de los desarrollos más recientes es genESOM, una herramienta basada en inteligencia artificial desarrollada por científicos de la Universidad Goethe de Fráncfort y la Universidad Philipps de Marburgo.

El sistema emplea redes neuronales capaces de analizar datos biológicos reales y generar conjuntos de datos sintéticos estadísticamente coherentes, permitiendo reproducir resultados científicos sin necesidad de incrementar el número de animales utilizados en los experimentos.

Durante sus pruebas, los investigadores aplicaron la tecnología a estudios relacionados con la esclerosis múltiple y comprobaron que la herramienta podía recuperar resultados estadísticos relevantes incluso reduciendo el número de individuos empleados en los ensayos.

Según los responsables del proyecto, esta tecnología podría permitir una reducción de entre un 30% y un 50% del uso de animales en determinadas fases exploratorias de investigación preclínica, manteniendo al mismo tiempo la validez científica de los resultados.

Los investigadores advierten, no obstante, que estas herramientas no sustituyen completamente los ensayos biológicos tradicionales y que requieren supervisión especializada, pero consideran que representan un paso importante hacia modelos experimentales más eficientes y con menor impacto sobre el bienestar animal.

El debate sobre el uso de animales en investigación continúa abierto entre las necesidades científicas y el desarrollo de alternativas tecnológicas. Mientras las cifras oficiales reflejan una reducción global, los datos también muestran que la intensidad de algunos procedimientos sigue aumentando, reabriendo la discusión sobre cómo compatibilizar el avance científico con nuevos métodos que reduzcan el sufrimiento animal.

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