La física rompe una barrera histórica: dos partículas desafían las leyes conocidas y crean imágenes donde la luz desaparece
La investigación demuestra que dos partículas de luz pueden conservar información visual incluso atravesando entornos donde la luz convencional queda completamente inutilizada, un avance con posibles aplicaciones en medicina y comunicaciones seguras.
Un equipo
internacional de investigadores ha logrado demostrar que dos fotones entrelazados pueden mantener una imagen intacta
incluso al atravesar medios extremadamente desordenados, un
hallazgo que abre nuevas posibilidades para la óptica cuántica y futuras
aplicaciones tecnológicas.
El trabajo,
publicado recientemente en la revista científica Nature
Physics y respaldado por una investigación paralela en Optica, ha sido desarrollado por científicos del Institut des NanoSciences de Paris, el Laboratoire Kastler Brossel y la Universidad de Glasgow.
El estudio
muestra que lo que tradicionalmente se consideraba una barrera para la
transmisión de imágenes —como tejidos biológicos, fibras ópticas complejas o
atmósferas turbulentas— puede convertirse en una especie de filtro capaz de
distinguir entre información transportada mediante luz convencional y luz
cuántica.
Los
investigadores diseñaron un sistema basado en una propiedad fundamental de la
física cuántica: el entrelazamiento.
Este fenómeno permite que dos partículas permanezcan correlacionadas incluso
estando separadas, de forma que determinadas propiedades de una quedan
vinculadas a las de la otra.
En el
experimento, los científicos utilizaron un modulador
espacial de luz para optimizar una máscara de fase cuyo
objetivo no era reconstruir la trayectoria convencional de la luz, sino
mantener las correlaciones espaciales entre pares de fotones entrelazados
después de atravesar un medio caótico.
La principal
diferencia con los sistemas ópticos tradicionales es que la imagen no viaja como intensidad luminosa convencional,
sino codificada dentro de las correlaciones entre ambas partículas. De este
modo, donde una cámara normal únicamente detectaría ruido o una imagen
completamente distorsionada, el sistema consigue recuperar información visual.
Los autores
del estudio explican que el proceso no intenta eliminar el desorden óptico,
sino aprovechar determinadas propiedades físicas que permiten que la
información cuántica siga siendo reconocible pese al caos.
Los
investigadores consideran que una de las aplicaciones más inmediatas podría
encontrarse en el ámbito de las comunicaciones
seguras, ya que un sistema capaz de discriminar físicamente
entre señales clásicas y cuánticas podría utilizarse para proteger información
o imágenes frente a accesos no autorizados.
Otra de las
líneas más prometedoras apunta a la imagen
biomédica. Actualmente, uno de los principales retos de la
óptica moderna consiste en observar estructuras a través de tejidos biológicos
como la piel o el cerebro, donde la dispersión de la luz dificulta enormemente
obtener imágenes claras.
Aunque los
científicos subrayan que el descubrimiento no significa que pueda aplicarse de
forma inmediata para visualizar el interior del cuerpo humano con total
precisión, sí consideran que supone un importante cambio de enfoque.
Además, los
autores apuntan a posibles aplicaciones futuras relacionadas con la resolución
de problemas matemáticos complejos y nuevos sistemas de computación basados en
principios cuánticos.
El trabajo aporta una nueva perspectiva sobre el papel del
desorden en la física óptica: aquello que tradicionalmente era considerado un
obstáculo podría convertirse en una herramienta útil para procesar y transmitir
información.


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