Detectan una supertierra en la zona habitable de una estrella a solo 18 años luz
El exoplaneta candidato GJ 251c tiene una masa cuatro veces superior a la de la Tierra y podría albergar agua líquida si cuenta con una atmósfera adecuada, según un estudio internacional basado en más de dos décadas de observaciones.
Un equipo
internacional de astrónomos ha anunciado la detección de GJ 251c, un exoplaneta
rocoso tipo supertierra situado a unos 18 años luz de la Tierra, en
la zona habitable de una estrella enana roja. El hallazgo lo convierte
en uno de los objetivos prioritarios actuales para la búsqueda de vida fuera
del Sistema Solar, aunque los investigadores subrayan que, por el momento,
se trata de un planeta candidato.
Según los datos del
estudio, GJ 251c tiene una masa mínima aproximada de cuatro veces la de la
Tierra, completa una órbita alrededor de su estrella cada 53,6 días
y se encuentra a una distancia de unas 0,2 unidades astronómicas, una
órbita más cercana que la de Mercurio respecto al Sol. El sistema estelar se
localiza a 5,5 pársecs, equivalente a unos 18 años luz.
Detección
indirecta y confirmación de señales
El planeta no ha sido
observado de forma directa. Su existencia se ha inferido mediante el método
de velocidad radial, que mide el ligero movimiento de la estrella provocado
por la atracción gravitatoria de los planetas que la orbitan. Este análisis se
ha basado en centenares de espectros recogidos durante más de 20 años
por telescopios situados en Hawái, Texas, Kitt Peak y el observatorio de Calar
Alto, en Almería.
A partir de estos
datos, el equipo ha confirmado la presencia de un planeta interior ya conocido,
GJ 251b, y ha identificado una segunda señal estable, compatible
con un planeta de periodo orbital cercano a los 54 días y masa superterrestre.
Los análisis superan las pruebas habituales para descartar que se trate de una
señal espuria asociada a la actividad de la estrella.
Zona habitable
y escenarios climáticos
Los investigadores
destacan que GJ 251c se sitúa en la zona habitable conservadora de su
estrella, es decir, en una región donde la radiación recibida permitiría
temperaturas compatibles con la existencia de agua líquida. No obstante,
aclaran que estar en esa zona no garantiza la habitabilidad, ya que esta
depende en gran medida de la composición y densidad de la atmósfera.
Mediante modelos
climáticos tridimensionales, el equipo ha simulado distintos escenarios.
Con una atmósfera similar a la terrestre, el planeta presentaría temperaturas
extremadamente bajas y estaría completamente congelado. En cambio, con una atmósfera
densa rica en dióxido de carbono, los modelos muestran océanos líquidos
y temperaturas medias moderadas. Otros escenarios, con envolturas ricas en
hidrógeno, darían lugar a temperaturas demasiado elevadas para la vida
conocida.
Un objetivo
clave para futuros telescopios
La estrella anfitriona
emite entre el 1% y el 2% de la energía del Sol, lo que sitúa su zona
habitable a una distancia muy cercana. Esta configuración hace que GJ 251c sea
un candidato especialmente atractivo para futuras observaciones directas
con la próxima generación de grandes telescopios terrestres, capaces de separar
la luz del planeta de la de su estrella.
Según el estudio, GJ
251c es actualmente uno de los mejores candidatos del hemisferio norte
para intentar obtener imágenes directas de un planeta rocoso en zona habitable
y analizar su atmósfera en busca de vapor de agua, dióxido de carbono u
otros gases relevantes.
Implicaciones
científicas
El trabajo destaca que
los mismos modelos climáticos utilizados para estudiar el cambio climático
en la Tierra se aplican ahora a exoplanetas cercanos, lo que permite
mejorar la comprensión del papel de los gases de efecto invernadero en
distintos contextos planetarios.
Aunque GJ 251c aún no
puede considerarse un planeta habitable confirmado, su proximidad y
características lo convierten en un laboratorio natural clave para
estudiar la relación entre atmósfera, clima y habitabilidad en mundos rocosos
fuera del Sistema Solar.









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