El universo es menos visible de lo que parece

La NASA detecta que más de un tercio de los agujeros negros supermasivos del universo están ocultos

Un estudio revela que el 35 % de estos objetos extremos permanece cubierto por densas nubes de gas y polvo

Un amplio sondeo del cielo realizado en 2025 con telescopios de la NASA ha permitido a la comunidad científica estimar con mayor precisión cuántos agujeros negros supermasivos del universo permanecen ocultos a la observación directa. El estudio concluye que alrededor del 35 % de estos objetos están fuertemente oscurecidos por nubes de gas y polvo, una proporción significativamente superior a la detectada en investigaciones anteriores.

El trabajo, publicado en la revista científica Astrophysical Journal, se centra en los agujeros negros supermasivos, que pueden tener masas de millones o incluso miles de millones de veces superiores a la del Sol y que, según los modelos actuales, se encuentran en el centro de prácticamente todas las galaxias grandes.

Un censo clave para entender la evolución del universo

Medir la proporción de agujeros negros ocultos es fundamental para extrapolar cuántos existen en el universo, ya que resulta imposible detectarlos de forma individual. Hasta ahora, estudios comparables habían estimado que menos del 15 % de estos objetos estaban muy oscurecidos, pero los nuevos datos elevan notablemente esa cifra.

Los modelos teóricos de formación y crecimiento de galaxias apuntan a que la proporción real podría acercarse al 50 %, por lo que los resultados actuales obligan a revisar algunas hipótesis sobre cómo crecen estos agujeros negros y cómo interactúan con su entorno galáctico.

El papel del gas y el polvo en la observación

Aunque los agujeros negros no emiten luz, los materiales que los rodean pueden generar enormes cantidades de radiación cuando caen hacia ellos. Sin embargo, en muchos casos, ese brillo queda bloqueado por densas estructuras de gas y polvo con forma de toroide, lo que dificulta su detección en luz visible y en rayos X de baja energía.

Para superar este problema, los investigadores combinaron datos históricos del Satélite Astronómico Infrarrojo (IRAS), operativo en 1983, con observaciones más recientes del telescopio de rayos X NuSTAR. Mientras IRAS permitió identificar la emisión infrarroja de los objetos ocultos, NuSTAR confirmó su naturaleza mediante la detección de rayos X de alta energía capaces de atravesar parcialmente esas nubes densas.

Una metodología basada en archivos históricos y tecnología actual

El uso combinado de distintos rangos del espectro electromagnético permitió detectar agujeros negros tanto orientados de frente como de perfil, algo que no es habitual en otros sondeos. Según el investigador principal del estudio, Peter Boorman, el trabajo demuestra el valor científico de los archivos históricos de misiones espaciales, incluso décadas después de su finalización.

Además, el análisis descartó galaxias con intensa formación estelar que podían imitar la señal infrarroja de un agujero negro oculto, gracias a observaciones complementarias con telescopios terrestres en luz visible.

Impacto en la formación de galaxias

Los científicos destacan que los agujeros negros supermasivos desempeñan un papel clave en la evolución de las galaxias. Cuando acumulan demasiado material, pueden expulsarlo de nuevo al espacio, limitando la formación de nuevas estrellas y regulando el crecimiento galáctico.

Según los autores del estudio, conocer cuántos de estos objetos están ocultos ayuda a entender mejor ese equilibrio y a ajustar los modelos que explican por qué las galaxias tienen el tamaño y la estructura que se observan actualmente.

Una pieza más en el estudio del universo extremo

El estudio refuerza la idea de que una fracción significativa de los agujeros negros supermasivos crece rodeada de densas nubes de material, apoyando los modelos actuales de evolución galáctica. Al mismo tiempo, abre la puerta a futuras investigaciones que podrían modificar de forma sustancial la comprensión científica de estos objetos extremos y de su influencia en el cosmos.

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