Estados Unidos abandona la lucha contra el cambio climático
Estados Unidos ha formalizado su retirada de 66 organizaciones internacionales que la Administración del presidente Donald Trump considera contrarias a los intereses nacionales. La decisión afecta de forma directa a organismos clave en la lucha global contra el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la gestión sostenible de los recursos naturales y el impulso de las energías renovables, así como a referentes científicos internacionales que asesoran a los gobiernos en políticas de desarrollo sostenible.
Según el
listado difundido por la Casa Blanca, 31 de estas
organizaciones están vinculadas a la ONU y 35 no pertenecen formalmente al sistema de Naciones Unidas,
aunque muchas fueron impulsadas por ella o colaboran estrechamente con sus
agencias. La salida se produce en un contexto en el que Estados Unidos, la mayor
economía del mundo, avanza en una estrategia paralela para asegurar recursos
naturales estratégicos —como petróleo en Venezuela o minerales críticos en
Groenlandia— considerados esenciales para la transición digital y energética,
un ámbito en el que China ha tomado ventaja.
Entre los
organismos abandonados figuran plataformas centrales de la arquitectura
climática y ambiental internacional, como la Convención
Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, foro en el
que se negocian los compromisos globales contra el calentamiento y del que
emana el Acuerdo de París; Grupo
Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático,
responsable de los informes científicos de referencia sobre el cambio
climático; o la Agencia Internacional de
Energías Renovables, que lidera la transición hacia fuentes limpias
a escala global. También se incluye la Unión
Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la mayor red
mundial dedicada a la conservación, conocida por la Lista Roja de especies
amenazadas.
La retirada
alcanza asimismo a programas de la ONU centrados en bosques, océanos y agua,
como ONU Océanos y ONU Agua; a iniciativas de cooperación energética y
descarbonización; y a foros científicos y técnicos que evalúan el estado de la
biodiversidad y los ecosistemas, como la Plataforma
Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas.
Con esta decisión, Washington se desvincula de espacios multilaterales donde se
coordina la respuesta global a retos ambientales y climáticos que trascienden
fronteras.
La medida refuerza el giro de la política exterior estadounidense
hacia posiciones menos comprometidas con el multilateralismo ambiental y
científico, y abre un escenario de incertidumbre sobre el liderazgo
internacional en la lucha contra el cambio climático, la protección de la
biodiversidad y la transición energética, en un momento clave para el
cumplimiento de los objetivos globales de sostenibilidad.









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