Los fósiles de los “últimos mamuts” en realidad son… de ballenas

Un estudio científico ha demostrado que unas vértebras halladas en la década de 1950 cerca de Fairbanks, en Alaska, y atribuidas durante más de siete décadas a mamuts, pertenecen en realidad a dos especies de ballena, lo que abre un debate científico sobre su origen y localización.

A comienzos de los años cincuenta, el naturalista Otto Geist localizó dos grandes vértebras cerca de Fairbanks, a unos 400 kilómetros de la costa más cercana. Los restos fueron catalogados como fósiles de mamut y depositados en el Museo del Norte de la Universidad de Alaska, donde permanecieron clasificados como tales durante más de 70 años.

Sin embargo, una revisión reciente de estos fósiles, en el marco del proyecto Adopt a Mammoth, ha cambiado por completo esta interpretación. El programa, destinado a ampliar la datación por carbono 14 de restos de mamut, arrojó resultados inesperados al analizar estas vértebras.

Una datación incompatible con los mamuts

Las pruebas de carbono 14 determinaron que los fósiles tenían una antigüedad de entre 1.900 y 2.700 años, un dato incompatible con la presencia de mamuts en Alaska continental, cuya extinción se sitúa hace unos 13.000 años. Ante esta contradicción, los investigadores ampliaron los análisis para descartar errores.

Un estudio posterior de isótopos de nitrógeno reveló niveles propios de organismos marinos, descartando definitivamente que se tratara de un herbívoro terrestre. Finalmente, el análisis de ADN antiguo confirmó que las vértebras pertenecían a una ballena minke común y a una ballena franca del Pacífico Norte.

¿Cómo llegaron huesos de ballena al interior de Alaska?

El estudio, publicado en la revista Journal of Quaternary Science, no resuelve por completo el enigma. Los investigadores consideran poco probable que las ballenas remontaran antiguos ríos de la zona, ya que el curso fluvial próximo al hallazgo no tendría capacidad para albergar cetáceos de gran tamaño. También se descarta, en gran medida, el transporte por grandes depredadores.

Las hipótesis que siguen sobre la mesa son dos. Por un lado, que grupos humanos prehistóricos trasladaran los huesos tierra adentro por su valor simbólico o como materia prima. Por otro, y considerada la opción más plausible, que se produjera un error de etiquetado en el museo.

Un posible fallo en el registro museístico

Los científicos recuerdan que Otto Geist recolectó fósiles tanto del interior de Alaska como de zonas costeras como Norton Bay, lo que pudo provocar una mezcla accidental de materiales durante su catalogación. De confirmarse esta hipótesis, los restos de ballena habrían sido hallados en realidad en el litoral, eliminando la idea de su presencia natural en el interior del territorio.

El caso pone de relieve la importancia de la revisión científica de colecciones históricas y demuestra cómo las técnicas modernas pueden corregir interpretaciones aceptadas durante décadas, reescribiendo parte del conocimiento sobre la fauna prehistórica de Alaska.

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