Terraplanistas viajan a la Antártida y acaban reconociendo que la Tierra es esférica
Una expedición organizada en la Antártida ha puesto en cuestión algunas de las principales tesis del movimiento terraplanista tras comprobar sobre el terreno un fenómeno incompatible con el modelo de la Tierra plana. El proyecto, denominado “El experimento final”, fue impulsado por Will Duffy, pastor de una localidad de Colorado (Estados Unidos), con el objetivo de observar directamente el Sol de 24 horas durante el verano del hemisferio sur.
La iniciativa consistió en un viaje de más de 9.000 millas desde Salinas
(California) hasta el continente antártico, con un coste aproximado de 31.495
dólares por participante. Duffy invitó a 24 conocidos divulgadores
terraplanistas a participar en la expedición, aunque finalmente solo
aceptaron tres: Jeran Campanella (canal Jeranism), Sean
Griffin (canal Kingdom in Context) y Austin Whitsitt (canal Witsit
Gets It).
Tras más de un año de preparación, el grupo llegó al Union Glacier,
donde se encuentra la estación científica polar del mismo nombre, en el oeste
de la Antártida. Desde allí realizaron emisiones en directo para certificar su
presencia en el continente y observar el comportamiento del Sol durante varias
horas continuadas sin ponerse, un fenómeno que se produce en las regiones
polares durante el verano austral y que contradice el modelo terraplanista.
Después de la experiencia, Jeran Campanella, una de las figuras más
conocidas del movimiento, reconoció públicamente que sus creencias eran
erróneas. Admitió que no creía en la existencia del Sol de 24 horas y que, tras
observarlo directamente, acepta que el fenómeno ocurre tal y como describe la
ciencia. Austin Whitsitt también confirmó que las observaciones coincidían con
las explicaciones científicas sobre la forma y el movimiento de la Tierra.
La expedición se diseñó precisamente para comprobar un hecho físico
observable y repetible, conocido desde hace siglos y utilizado como evidencia
del carácter esférico del planeta. El fenómeno del Sol de medianoche es uno de
los argumentos clásicos que respaldan el modelo científico de la Tierra,
aceptado desde la Antigüedad y demostrado de forma progresiva desde el siglo
III a.C.
Los organizadores del experimento señalaron que el objetivo no era generar
debate mediático, sino contrastar afirmaciones con observaciones directas,
poniendo fin a una controversia sostenida por teorías sin base científica.










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