Detectan luces extrañas provenientes de un planeta rocoso fuera del Sistema Solar

El exoplaneta LHS 3844 b, un mundo abrasador de 725 grados y sin atmósfera, permite a los científicos observar detalles inéditos sobre su superficie

Un equipo internacional de astrónomos ha conseguido un avance sin precedentes en el estudio de mundos situados más allá del Sistema Solar al lograr detectar luz procedente directamente de la superficie de un planeta rocoso extrasolar, un hito que abre nuevas posibilidades para conocer la composición y características de estos cuerpos celestes distantes.

El planeta estudiado es LHS 3844 b, un exoplaneta situado a aproximadamente 48,5 años luz de la Tierra y considerado uno de los mundos rocosos más extremos descubiertos hasta ahora.

La investigación, publicada en la revista científica Nature Astronomy, ha sido liderada por científicos del Centro para la Astrofísica Harvard-Smithsonian y del Instituto Max Planck de Astronomía, utilizando observaciones obtenidas mediante el Telescopio Espacial James Webb.

Los datos revelan un planeta especialmente hostil. LHS 3844 b posee un tamaño aproximadamente un 30% superior al de la Tierra, carece prácticamente de atmósfera y gira alrededor de una pequeña estrella enana roja a una velocidad extraordinaria, completando una vuelta completa cada 11 horas.

La cercanía extrema entre el planeta y su estrella provoca un fenómeno conocido como sincronización orbital, lo que significa que uno de sus hemisferios permanece permanentemente orientado hacia la estrella, igual que ocurre con la Luna respecto a la Tierra.

Esta situación hace que la cara iluminada alcance temperaturas cercanas a 725 grados centígrados, suficientes para convertirlo en uno de los entornos más extremos analizados hasta ahora.

El análisis de la radiación infrarroja detectada permitió además obtener información sobre la composición de su superficie. Los investigadores observaron que no presenta características similares a la corteza terrestre rica en silicatos, como ocurre con materiales tipo granito.

A partir de los datos obtenidos, los científicos manejan dos posibles escenarios. El primero apunta a una superficie dominada por materiales volcánicos y rocas basálticas, mientras que el segundo plantea un paisaje más parecido al de Mercurio o la Luna, cubierto por una capa oscura de polvo y fragmentos rocosos acumulados durante largos periodos sin actividad geológica.

Los investigadores consideran que este avance representa un paso importante para el futuro estudio de exoplanetas rocosos y podría ayudar a comprender cómo evolucionan estos mundos y qué diferencias presentan respecto a la Tierra.

Hasta ahora, analizar directamente la superficie de un planeta situado fuera del Sistema Solar era una tarea extremadamente compleja, por lo que este descubrimiento podría marcar el inicio de una nueva etapa en la exploración de otros mundos.

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