Drones logran reconstruir en 3D una zona inaccesible de la cueva de Altamira
La investigación ha permitido detectar fracturas y estudiar áreas de difícil acceso en uno de los conjuntos de arte rupestre más importantes del mundo.
Un equipo de investigadores ha conseguido reconstruir en tres
dimensiones una zona inaccesible de la Cueva de
Altamira gracias al uso de drones equipados con tecnología avanzada de
escaneo y navegación.
El proyecto ha sido desarrollado conjuntamente por el Museo de
Altamira, la Universidad de Zaragoza y la Universidad de Cantabria, permitiendo obtener
imágenes inéditas y estudiar áreas especialmente delicadas de la cavidad.
La cueva de Altamira, declarada Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO en 1985, alberga uno de los conjuntos pictóricos y artísticos más
importantes de la prehistoria y es considerada uno de los grandes referentes
mundiales del arte rupestre paleolítico.
Ubicada en Santillana del Mar,
la cueva fue descubierta en 1868 y presenta evidencias de ocupación humana durante
unos 22.000 años.
El estudio se centró especialmente
en la zona conocida como “Sala de La Hoya”, un sector de difícil acceso y
estructuralmente sensible donde los métodos tradicionales de documentación
resultaban prácticamente imposibles de aplicar.
Para llevar a cabo el trabajo, los
investigadores utilizaron un dron especializado para espacios confinados
equipado con un sistema de navegación SLAM basado en tecnología LiDAR, capaz de
realizar localización y mapeo simultáneo incluso en entornos subterráneos
complejos.
En total se realizaron doce vuelos
autónomos y asistidos dentro de la cavidad, generando densas nubes de puntos
LiDAR y secuencias de vídeo que posteriormente fueron procesadas mediante
técnicas de videogrametría para crear modelos 3D de alta resolución.
Además, el equipo entrenó un
sistema de inteligencia artificial basado en aprendizaje profundo para detectar
automáticamente grietas y fracturas en la roca bajo distintas condiciones de
iluminación.
Los resultados permitieron
identificar fracturas activas, bloques sobresalientes y acumulaciones de
sedimentos situadas en zonas completamente inaccesibles para los
investigadores.
Según los autores del estudio,
esta tecnología ha permitido superar las severas limitaciones geométricas, de
iluminación y seguridad que dificultaban hasta ahora la inspección detallada de
determinadas partes de la cueva.
Los investigadores destacan que
este sistema puede convertirse en una herramienta clave para la conservación
preventiva de espacios arqueológicos y subterráneos extremadamente frágiles.
El
estudio, liderado por los expertos Jorge Angás y Manuel Bea, subraya además el
potencial de integrar drones, escaneo LiDAR e inteligencia artificial para
evaluar riesgos geológicos y mejorar la protección de enclaves patrimoniales
únicos como Altamira.










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