La erupción del volcán Hunga Tonga limpió la atmósfera de metano durante diez días

Investigadores detectaron que la nube volcánica generó reacciones químicas capaces de eliminar uno de los gases responsables del calentamiento global.

La gigantesca erupción del volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, ocurrida en enero de 2022, provocó un efecto atmosférico inesperado: la destrucción acelerada de metano en la estratósfera, según revela un estudio científico publicado en la revista Nature Communications.

La investigación concluye que la enorme nube volcánica generó condiciones químicas capaces de oxidar metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes relacionados con el cambio climático.

El hallazgo fue detectado gracias al análisis de formaldehído, una molécula que aparece cuando el metano se descompone en la atmósfera.

Los científicos observaron concentraciones anormalmente elevadas de formaldehído a unos 30 kilómetros de altura, niveles poco habituales en la estratósfera terrestre.

En algunas zonas de la nube volcánica se registraron hasta 12 partes por billón de formaldehído, una señal que, según los investigadores, demuestra que el metano continuó destruyéndose activamente durante más de diez días tras la erupción.

El estudio estima que la pluma volcánica eliminó alrededor de 900 toneladas métricas de metano al día.

Además, los investigadores calcularon que la erupción lanzó a la estratósfera al menos 330 gigagramos de metano junto a enormes cantidades de vapor de agua y ceniza volcánica.

Uno de los gases más peligrosos para el clima

El metano es considerado uno de los gases de efecto invernadero más agresivos para el calentamiento global.

Aunque permanece menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono, su capacidad para retener calor es muy superior durante periodos cortos.

Los autores del estudio recuerdan que el metano es responsable de aproximadamente medio grado del calentamiento global actual.

Para realizar el seguimiento químico de la nube volcánica, los científicos utilizaron datos del satélite TROPOMI, un sistema capaz de detectar formaldehído mediante observaciones en luz ultravioleta.

Gracias a esta tecnología pudieron analizar la evolución de la nube incluso sobre amplias zonas oceánicas.

El papel del cloro reactivo

La investigación apunta a que dentro de la nube volcánica se generó cloro altamente reactivo, una sustancia capaz de destruir metano de forma rápida.

Los científicos creen que este cloro apareció a través de reacciones fotoquímicas entre partículas de ceniza volcánica y compuestos atmosféricos presentes en la estratósfera.

Según el estudio, las partículas cubiertas de sulfato actuaron como superficies químicas donde se desarrollaron estas reacciones.

La erupción del Hunga Tonga-Hunga Ha’apai fue una de las más potentes registradas en la era satelital.

La explosión impulsó materiales volcánicos hasta unos 55 kilómetros de altura y alteró temporalmente la composición química de la atmósfera terrestre.

Posibles aplicaciones futuras

Los investigadores consideran que este fenómeno podría ayudar en el futuro a desarrollar tecnologías destinadas a reducir el metano atmosférico y combatir el calentamiento global.

El estudio abre además nuevas líneas de investigación sobre cómo las grandes erupciones volcánicas pueden modificar temporalmente la química atmosférica y afectar a los gases responsables del cambio climático.

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