La luna Nereida sobrevivió al caos orbital de Neptuno
Una investigación basada en observaciones del telescopio James Webb plantea que Nereida sería una luna original de Neptuno que logró sobrevivir a las alteraciones provocadas por la llegada de Tritón hace miles de millones de años.
Un estudio publicado en la revista científica
Science Advances ha aportado nuevos datos sobre Nereida, una de las lunas más
desconocidas de Neptuno, y plantea que podría tratarse de una de las pocas
supervivientes del sistema original de satélites del planeta tras un importante
episodio de alteración gravitacional ocurrido en los inicios del Sistema Solar.
La investigación, dirigida por científicos
del California Institute of Technology (Caltech) y basada en observaciones
realizadas por el Telescopio Espacial James Webb, analiza la composición de
esta luna y su posible origen dentro del sistema neptuniano.
Hasta ahora, una de las teorías más aceptadas
indicaba que Tritón, la mayor luna de Neptuno, no se formó junto al planeta,
sino que habría sido capturada desde el Cinturón de Kuiper, la región helada
situada más allá de Neptuno donde se encuentran numerosos cuerpos congelados y
planetas enanos.
Los modelos astronómicos sostienen que la
captura de Tritón alteró profundamente el equilibrio gravitacional del planeta.
Su llegada habría provocado la expulsión, destrucción o colisión de gran parte
de las lunas que orbitaban originalmente alrededor de Neptuno.
Nereida
presenta una órbita inusual
Nereida fue descubierta en 1949 por el
astrónomo Gerard Kuiper y siempre ha llamado la atención por la forma de su
órbita, una de las más excéntricas conocidas entre las lunas del Sistema Solar.
Su distancia respecto a Neptuno varía
enormemente durante su recorrido orbital: puede acercarse hasta 1,4 millones de
kilómetros y alejarse hasta aproximadamente 9,6 millones de kilómetros.
Esta trayectoria llevó durante años a pensar
que también había sido capturada desde el Cinturón de Kuiper, de manera similar
a Tritón.
Sin embargo, las nuevas observaciones del
James Webb muestran que la composición superficial de Nereida contiene niveles
de hielo incompatibles con los objetos típicos del Cinturón de Kuiper.
Los investigadores consideran que estas
características son más coherentes con un satélite formado originalmente junto
a Neptuno.
Una
superviviente de la reorganización del sistema
La principal hipótesis que surge tras el
estudio es que Nereida habría sobrevivido precisamente debido a las
alteraciones gravitacionales causadas por la llegada de Tritón.
Según los investigadores, mientras otras
lunas pudieron ser expulsadas o destruidas, Nereida habría sido desplazada
hacia una órbita extremadamente amplia y elíptica que le permitió evitar
colisiones y permanecer dentro del sistema.
Los científicos consideran que este proceso
pudo actuar como una especie de reorganización completa del entorno orbital de
Neptuno hace miles de millones de años.
Actualmente se conocen 16 lunas alrededor de
Neptuno, aunque los investigadores creen que muchas de las lunas internas
actuales podrían haberse formado posteriormente a partir de restos de antiguos
satélites destruidos.
El estudio también pone de manifiesto las
limitaciones existentes para comprender la evolución del planeta y sus lunas.
Hasta la fecha, la única misión espacial que ha visitado Neptuno ha sido la
Voyager 2 de la NASA, que realizó un sobrevuelo del sistema en 1989.
Desde entonces, la información disponible procede
principalmente de observaciones realizadas mediante telescopios terrestres y
espaciales.


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