La bomba climática que se está gestando en el Pacífico ya es visible desde el espacio
Los datos obtenidos por el satélite Sentinel-6 Michael Freilich han detectado una gran masa de agua cálida avanzando por el Pacífico ecuatorial, una señal que los científicos consideran un posible indicio temprano de la formación del fenómeno climático El Niño durante este año.
Una ola de
calor oceánica detectada en el Pacífico ecuatorial está siendo seguida con
atención por la comunidad científica internacional debido a su posible relación
con el desarrollo de un nuevo episodio de El Niño.
La señal ha sido identificada gracias a las observaciones del satélite Sentinel-6 Michael Freilich, una misión
desarrollada conjuntamente por la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y
otros organismos internacionales.
A diferencia
de otros indicadores climáticos visibles en la atmósfera o en la superficie
terrestre, esta anomalía ha sido detectada directamente en el océano. El
calentamiento del agua provoca una expansión de su volumen y, como
consecuencia, una elevación del nivel del mar que puede ser medida con gran
precisión desde el espacio.
Una onda cálida avanza hacia Sudamérica
Los científicos
han identificado la presencia de una onda de
Kelvin cálida, un fenómeno oceánico que consiste en una gran
masa de agua caliente desplazándose de oeste a este a través del Pacífico
ecuatorial.
Las
observaciones muestran que una primera onda apareció cerca de Micronesia a
finales de enero y se disipó durante febrero. Sin embargo, una segunda onda más
intensa comenzó a desarrollarse en marzo y continuó avanzando durante las
semanas siguientes hasta alcanzar en mayo las aguas próximas a la costa de Perú.
En algunas
zonas, el nivel del mar llegó a situarse más de 15
centímetros por encima de los valores habituales, una señal
clara de que las temperaturas oceánicas son superiores a la media.
Una señal temprana de El Niño
Según los
expertos de la NASA, este tipo de ondas suele aparecer varios meses antes de
que un episodio de El Niño quede plenamente establecido.
El
investigador Josh Willis, del
Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA y miembro del proyecto
Sentinel-6, ha explicado que el actual episodio comenzó más tarde que los
registrados en grandes eventos históricos como los de 1997
y 2015, aunque está mostrando una evolución
progresiva.
Los
científicos continúan monitorizando su desarrollo para determinar si terminará
consolidándose como un episodio completo de El Niño durante los próximos meses.
Posibles consecuencias a escala global
El fenómeno
de El Niño tiene capacidad para alterar la circulación atmosférica mundial y
modificar los patrones climáticos en numerosas regiones del planeta.
Entre sus
efectos más habituales figuran cambios significativos en las precipitaciones,
alteraciones de la corriente en chorro, periodos de sequía en determinadas
zonas e inundaciones en otras. Además, puede afectar a sectores económicos como
la agricultura, la pesca, la gestión del agua y el transporte.
La
investigadora Severine Fournier,
también integrante del proyecto Sentinel-6, señala que cada episodio de El Niño
evoluciona de forma diferente, aunque la mayoría suelen estar asociados a un
aumento de las temperaturas globales y a cambios importantes en los regímenes
de lluvia.
Los satélites, clave para anticipar riesgos
Los
especialistas recuerdan que todavía es pronto para determinar la intensidad que
podría alcanzar este posible episodio, ya que El Niño suele desarrollar su
máxima fuerza entre los meses de noviembre y
enero.
Hasta
entonces, los sistemas de observación por satélite seguirán desempeñando un
papel fundamental para monitorizar la evolución de las temperaturas oceánicas y
mejorar la capacidad de predicción de fenómenos meteorológicos extremos.










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