La gigantesca caca de un vikingo de hace 1.200 años desvela los secretos de toda una civilización

Mide unos 20 centímetros, fue descubierto en York y su análisis ha permitido reconstruir parte de la dieta y la salud intestinal de una persona que vivió en la ciudad durante la época vikinga.

Un excremento humano de hace aproximadamente 1.200 años se ha convertido en una de las piezas arqueológicas más insólitas conservadas en Inglaterra. Se trata de un coprolito de unos 20 centímetros de longitud encontrado en York, cuyos análisis han permitido obtener información sobre cómo se alimentaban y qué problemas de salud padecían algunos de sus habitantes durante la época vikinga.

La pieza, conocida como el coprolito de Lloyds Bank, fue descubierta en 1972 durante unas excavaciones realizadas por el York Archaeological Trust en el lugar donde posteriormente se levantaría una sucursal bancaria. Su excepcional estado de conservación permitió que los investigadores pudieran estudiar restos de alimentos y organismos presentes en las heces.

Los análisis determinaron que perteneció a una persona que vivió en la York vikinga, entonces conocida como Jórvík, hace unos 1.200 años. Su tamaño, cercano a los 20 centímetros, contribuyó a convertir el hallazgo en una de las curiosidades arqueológicas más conocidas de la ciudad.

Pan, carne y una desagradable sorpresa

El contenido del coprolito ha proporcionado pistas directas sobre la alimentación de aquella persona. Los investigadores identificaron evidencias compatibles con una dieta en la que estaban presentes la carne y productos elaborados con cereales, ofreciendo una peculiar fotografía de una comida consumida hace más de un milenio.

Pero el descubrimiento más revelador apareció al estudiar los organismos conservados en su interior. El individuo sufría una importante infección por parásitos intestinales, entre ellos lombrices cuyos huevos quedaron atrapados y preservados junto al resto del material orgánico.

Este tipo de hallazgos permite conocer aspectos de la vida cotidiana que difícilmente aparecen reflejados en armas, monedas, edificios o documentos históricos. Los parásitos aportan información sobre las condiciones sanitarias, la higiene y las enfermedades que afectaban a las poblaciones medievales.

La conservación de unas heces durante más de un milenio fue posible gracias a las particulares condiciones del terreno de York, donde numerosos restos orgánicos de época vikinga han sobrevivido excepcionalmente bien.

Actualmente, el singular coprolito forma parte del patrimonio arqueológico relacionado con el Jorvik Viking Centre de York, donde se conservan numerosos objetos procedentes de las excavaciones que permitieron reconstruir la vida de la antigua ciudad vikinga.

Más allá de la anécdota provocada por su tamaño y procedencia, el hallazgo demuestra que incluso algo tan cotidiano como un excremento humano puede convertirse siglos después en una extraordinaria fuente de información científica. En este caso, 20 centímetros de materia fecal han permitido conocer qué comió y qué problemas intestinales sufrió una persona que caminó por York hace alrededor de 1.200 años.

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