El negocio más insólito del Ártico: capturan icebergs milenarios para vender su agua embotellada a precio de lujo
Varias empresas han convertido el hielo de Groenlandia, Canadá y Noruega en un producto exclusivo que alcanza precios sorprendentes, mientras los ecologistas cuestionan su impacto ambiental.
Lo
que durante miles de años permaneció congelado en los confines del Ártico se ha
convertido en un inesperado negocio internacional. Varias empresas se dedican a
capturar fragmentos de icebergs, derretirlos y embotellar su agua para
comercializarla como un artículo de lujo destinado a consumidores dispuestos a
pagar precios extraordinarios.
Una
de las compañías pioneras fue Svalbarði, fundada por el empresario Jamal
Qureshi, quien decidió aprovechar el hielo de los icebergs del archipiélago
noruego de Svalbard para crear una marca de agua exclusiva. Sus botellas de 750
mililitros llegaron a comercializarse por aproximadamente 94 euros.
La
actividad no se limita a Noruega. En las costas de Terranova, en Canadá,
también se recolectan fragmentos de icebergs procedentes de Groenlandia,
arrastrados por las corrientes oceánicas hasta el Atlántico Norte.
Entre
las marcas que mantienen este negocio figura Berg, que comercializa agua
obtenida de icebergs de unos 15.000 años de antigüedad. La empresa ofrece
paquetes de doce botellas por 180 dólares canadienses, aunque aclara que su
producto combina agua procedente de icebergs con agua purificada.
Un
lujo milenario rodeado de controversia ambiental
La
principal característica comercial de estas aguas es su origen remoto y su baja
mineralización. Algunas empresas utilizan embarcaciones equipadas con grúas para
recuperar bloques de hielo flotantes, que posteriormente son transportados y
procesados para su consumo.
Sin
embargo, la actividad también ha generado críticas entre organizaciones
ecologistas y especialistas en glaciología, que cuestionan la huella ambiental
asociada a la navegación, el procesamiento, el embotellado y el transporte
internacional.
Los
defensores del negocio argumentan que utilizan fragmentos de hielo que ya se
han desprendido de los glaciares y que terminarían derritiéndose en el océano.
Los críticos responden que las cantidades recogidas son insignificantes frente
al volumen de hielo que pierde el Ártico y que esta actividad no constituye una
solución al cambio climático.
El
mercado tampoco ha resultado sencillo para todas las empresas. Svalbarði cesó
su actividad en 2023, mientras otras marcas han desaparecido o han tenido que
reorganizar sus operaciones.
Pese
a estas dificultades, el agua de iceberg continúa comercializándose como un
producto exclusivo, en el que el origen, la antigüedad del hielo y la
presentación de las botellas tienen tanto protagonismo como el propio
contenido.
Un
negocio que demuestra hasta qué punto un recurso tan cotidiano como el agua
puede transformarse en un artículo de lujo cuando procede de uno de los lugares
más remotos del planeta.










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