El desierto de Atacama se transforma en un inmenso jardín de flores gracias a las lluvias de El Niño
Uno de los lugares más áridos del planeta vive una de sus floraciones más espectaculares de las últimas décadas. Más de 17.000 kilómetros cuadrados del desierto chileno se han cubierto de flores silvestres tras las intensas precipitaciones del invierno austral, en un fenómeno natural que no alcanzaba semejante extensión desde hace casi treinta años.
El
desierto de Atacama, en el norte de Chile, ha experimentado una transformación
extraordinaria. Sus habituales paisajes de arena, roca y tierra rojiza se han
convertido en extensas alfombras de flores fucsias, violetas y amarillas
gracias a las lluvias asociadas al fenómeno climático de El Niño.
El
espectáculo, conocido como el desierto florido, está considerado uno de los
acontecimientos botánicos más singulares del planeta. Según la Corporación
Nacional Forestal de Chile (CONAF), la floración de 2026 abarca aproximadamente
17.000 kilómetros cuadrados, equivalentes al 23 % de la región de Atacama.
Se
trata de uno de los episodios más extensos e intensos desde 1997.
En
esta región, donde las precipitaciones habituales pueden rondar apenas dos
milímetros anuales en determinadas zonas, las lluvias registradas entre julio y
septiembre han sido excepcionales. En localidades como Vallenar se acumularon
hasta 183,5 milímetros.
Estas
condiciones han permitido que más de 200 especies vegetales nativas, entre
ellas la añañuca, la garra de león, la pata de guanaco y la flor del jote,
cubran amplias extensiones del desierto.
El
secreto de las semillas que esperan durante años bajo la arena
La
explicación de este fenómeno se encuentra bajo la superficie aparentemente
estéril del desierto.
Miles
de semillas, bulbos y rizomas permanecen en estado de latencia durante largos
periodos, protegidos de la sequedad extrema y esperando las condiciones
adecuadas para desarrollarse.
Cuando
las precipitaciones son suficientemente abundantes y las temperaturas resultan
favorables, estas estructuras vegetales reanudan su actividad y dan lugar a una
explosión de vida que transforma el paisaje en pocas semanas.
El
fenómeno de El Niño, caracterizado por un calentamiento anómalo de las aguas
superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental, puede modificar los
patrones de lluvia y favorecer episodios de precipitaciones extraordinarias en
determinadas regiones.
Sin
embargo, las lluvias también han tenido consecuencias negativas. Varias zonas
del norte chileno han sufrido inundaciones y aluviones que han afectado a
decenas de viviendas.
La
floración atrae cada temporada a miles de visitantes, aunque su duración es
limitada. La mayoría de las especies habrá desaparecido durante noviembre,
mientras que algunas plantas más resistentes podrían mantener sus flores hasta
enero.
El
desierto florido constituye una demostración excepcional de la capacidad de
adaptación de la vida vegetal a los ambientes extremos.
Durante
años, el paisaje puede parecer completamente desprovisto de vegetación. Sin
embargo, bajo su superficie permanece un auténtico banco de vida latente,
preparado para despertar cuando regresa el agua.
Una de las regiones más secas de la Tierra recuerda así que
incluso los ecosistemas aparentemente más inhóspitos pueden albergar una
extraordinaria biodiversidad.











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