El desierto del Sáhara esconde millones de árboles solitarios
La imagen de la arena del desierto es tan poderosa que distorsiona la realidad. Aunque el Sáhara o el Sahel y la sabana más al sur no tienen selvas, sí esconden millones de árboles invisibles hasta ahora.
Tal como informa el diario El País, el uso de
imágenes por satélite de muy alta resolución, combinadas con un sistema de inteligencia
artificial para barrer parte de una extensión tan enorme, han desvelado que hay
mucho más verde de lo que se creía en esta porción de África. No forman
bosques, pero cada solitario árbol cumple una función ecológica, a veces vital.
Hasta no hace mucho, el instrumental a bordo de los
satélites para estudiar la superficie terrestre tenía una resolución que no iba
más allá de los 30 metros. Eso supone que un árbol que no tenga una copa de ese
diámetro no exista para el satélite. Sin embargo, los sistemas de radar, láser
o espectrometría han ido afinando hasta lograr resoluciones de menos de un
metro. Los datos obtenidos con estas tecnologías son aún de uso casi
exclusivamente militar (de los militares estadounidenses, en especial) o
industrial.
En 2020 un grupo de científicos ha podido estudiar
miles de imágenes de la Agencia Nacional de Inteligencia (perteneciente al
Departamento de Defensa de EE UU) registradas por una constelación de cuatro
satélites de la empresa privada DigitalGlobe. Y se han encontrado con una verde
sorpresa donde se supone que solo hay el marrón de la arena y la tierra: más de
1.800 millones de árboles y grandes arbustos.
Pero esta vez, un grupo de científicos ha podido
estudiar miles de imágenes de la Agencia Nacional de Inteligencia
(perteneciente al Departamento de Defensa de EE UU) registradas por una
constelación de cuatro satélites de la empresa privada DigitalGlobe. Y se han
encontrado con una verde sorpresa donde se supone que solo hay el marrón de la
arena y la tierra: más de 1.800 millones de árboles y grandes arbustos.
“Marqué las áreas con copa en las imágenes del
satélite con una resolución de 50 centímetros y entrenamos el modelo con estos
ejemplos”, dice el investigador de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) y
principal autor del estudio Martin Brandt. “Luego el modelo buscó en miles de
imágenes y marcó las copas de los árboles de la misma forma que hicimos a
mano”, añade el también científico del centro de vuelo espacial Goddard de la
NASA. Para no confundir un árbol con un matorral, el sistema fue ajustado para
que solo contara las copas con un área mayor de tres metros cuadrados.
El trabajo muestra que fueron demasiado pesimistas,
ya que la media del área de las copas fue mucho mayor, hasta los 12 metros
cuadrados. Es decir en esta región tan árida hay 1.800 millones de árboles y
cada uno cubre la superficie de una habitación más o menos grande. Eso es mucha
sombra, pero también muchos recursos y servicios ecológicos en una parte del
mundo donde hacen mucha falta.
“Son extremadamente importantes para la población
rural local, que suelen depender de productos forestales. También fertilizan el
suelo y aumentan el rendimiento de las cosechas, son claves para los ciclos del
agua y nutrientes y el almacenamiento del carbono”, explica Brandt. Eso sin
mencionar los servicios ecológicos que ofrecen a otras plantas y animales.
El número de estos árboles solitarios depende, como
era de esperar, de las lluvias. En las zonas hiperáridas del desierto de arena,
la densidad arbórea es de menos del 1% (0,7 árboles por hectárea) y va subiendo
a medida que, yendo hacia el sur, aumentan las precipitaciones. La cifra sube a
9,9 árboles por hectárea en las áridas (precipitaciones anuales de entre 150 a
300 mm) o 30,1 árboles en las semiáridas (entre 300 y 600 mm anuales).
Todas estas cifras son solo una parte de la arboleda
del desierto. Si incluyeran a los árboles con copas menores de tres metros
cuadrados o arbustos más pequeños, los autores del estudio estiman que debe de
haber otro 20% más de árboles. Más aún, el trabajo se ha centrado en los 1,3
millones de kilómetros cuadrados más occidentales de la región. Pero el Sáhara
y el Sahel tienen una superficie conjunta 10 veces mayor. “Conocíamos bien esta
zona por varios trabajos de campo y era también una prueba de concepto antes de
proponernos hacer lo mismo en zonas mucho más grandes”, confía Brandt.
“En zonas áridas o semiáridas, con condiciones
limitantes, hay especies con esa copa tan pequeña, casi arbustiva, y siguen
siendo árboles” recuerda el investigador forestal de la Universidad Pablo de
Olavide Raúl Sánchez, no relacionado con el estudio. Para Sánchez, este es un
trabajo imponente si se puede extrapolar a otras regiones del planeta
similares. “Combinado con el Sentinel y Copernicus [plataforma de satélites
impulsada por la Agencia Espacial Europea] podríamos saber realmente la
cobertura vegetal que tenemos en el planeta”.
Por debajo de los 300 milímetros de precipitaciones
anuales (una cifra que en España se da en Almería y Murcia), los árboles
empiezan a tenerlo complicado. “Su estrategia es la dispersión, abarcar el
mayor espacio posible”, comenta el biólogo Luis Gonzaga. Este profesor de la
E.T.S. de Ingenieros de Montes, Forestal y del Medio Natural de la Universidad
Politécnica de Madrid (UPM) participó en 2017 en el mayor estudio realizado
hasta entonces para cuantificar los árboles de las tierras secas usando
imágenes de Google Earth. “Pero entonces descubrimos que había un 40% más de
bosque en estas regiones. Ahora los han contado de forma individual”, destaca.
Y cada uno de estos árboles, recuerda, “es un punto caliente de la biodiversidad
en entornos donde la vida no debería existir”.
.--









Comentarios
Publicar un comentario