Descubren que el yodo del mar está dañando la capa de ozono
El agujero detectado en la capa de ozono de la atmósfera durante la segunda mitad del siglo XX está recuperándose y los científicos son optimistas sobre su total desaparición dentro de pocas décadas. Sin embargo, ha surgido un enemigo imprevisto: las emisiones de yodo desde los océanos, que se han revelado como el tercer factor que más ataca a esta delicada y necesaria capa atmosférica.
Un equipo internacional, liderado por el Instituto
de Química Física Rocasolano (IQFR) del CSIC, ha desvelado que las emisiones
oceánicas de yodo han contribuido, desde 1980 y en un promedio del 10%, a la
formación del agujero de la capa de ozono que se produce en la Antártida
durante septiembre y octubre. Este estudio, publicado en la revista Proceedings
of the National Academy of Sciences (PNAS), descubre la importancia que tiene
el yodo, junto al cloro y el bromo, como tercer halógeno con mayor poder de
destrucción sobre la capa de ozono.
La estratosfera, situada entre los 10 y los 50
kilómetros de altura, contiene el 90% del ozono de la atmósfera. Esta
concentración es fundamental, ya que filtra casi la totalidad de la radiación
ultravioleta procedente del sol.
Precisamente, el agujero creado en esta capa en la
segunda mitad del siglo XX amenazó su integridad gravemente y obligó a los
gobiernos mundiales a adoptar medidas para detener su crecimiento. En la
actualidad, ese agujero está cerrándose paulatinamente, pero el nuevo
descubrimiento podría acelerar su recuperación, al detectar un factor negativo
hasta ahora desconocido.
Hasta ahora se conocían los efectos negativos de las
sustancias con cloro o bromo sobre la capa de ozono, pero un nuevo estudio
internacional, en el que han participado investigadores del CSIC, apunta un
tercer elemento: el yodo, cuyas emisiones desde el mar están aumentando. Las
medidas se han tomado en la estratosfera con un avión del National Center for
Atmospheric Research de Estados Unidos.
"Tradicionalmente se ha relacionado la
destrucción catalítica de ozono estratosférico en la Antártida con las
emisiones antropogénicas de otros dos halógenos, cloro y bromo. La contribución
de las emisiones oceánicas de yodo al agujero de ozono no se había tenido en
cuenta debido principalmente a que durante décadas se pensó que las cantidades
de yodo que alcanzan la estratosfera eran despreciables”, destaca Alfonso
Saiz-Lopez, investigador del IQFR-CSIC y coordinador del estudio.
“Sin embargo, medidas recientes han demostrado que
cantidades significativas de yodo se inyectan a la estratosfera en las regiones
tropicales", añade Saiz-López.
Los resultados, obtenidos con un modelo climático
global entre 1980 y 2015, revelan que el yodo ha contribuido un 10% de promedio
en la destrucción del ozono en la baja estratosfera de la Antártida, reduciendo
hasta 4% la columna de ozono que se extiende en esta capa de la atmósfera.
Además, un nuevo esquema de química atmosférica de
halógenos, desarrollado en el IQFR-CSIC, muestra que las emisiones de yodo en
la estratosfera tropical, y su posterior transporte al polo sur, pueden
adelantar y retrasar la apertura y cierre estacional del agujero de ozono entre
tres y cinco días.
"El yodo, a pesar de encontrarse en la estratosfera
en cantidades mucho menores que el cloro y el bromo, controla la destrucción de
ozono causada por halógenos en la baja estratosfera Antártica durante el verano
y principio del otoño, cuando la reactivación heterogénea de reservorios de
cloro y bromo, típica de la primavera austral, no está activa", explica
Saiz-Lopez.
Los sondeos realizados en el hielo han demostrado
que las emisiones de yodo procedentes de los océanos han aumentado en las
últimas décadas.
A pesar de ello, Carlos A. Cuevas, investigador del
IQFR-CSIC y primer autor del estudio, destaca que "la contribución del
yodo a la formación del agujero de ozono sobre la Antártida ha sido obviada
desde el descubrimiento de este fenómeno. Sin embargo, este trabajo demuestra
que es necesario que se considere en los modelos, junto al cloro y bromo, para
realizar evaluaciones más precisas de los impactos de los halógenos en la
destrucción de ozono estratosférico en la Antártida".
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