Descubrieron en Argentina huellas de un ave fósil gigante única en el mundo
Huellas de un ave fósil gigante fueron encontradas en las costas rionegrinas y los investigadores advirtieron que se trata de las primeras y únicas huellas fósiles conocidas hasta ahora de un grupo de aves que vivió hace 8 millones de años.
El hallazgo lo hizo el guarda ambiental Andrés Ulloa
durante una de sus habituales recorridas por las áreas naturales protegidas
Punta Bermeja, Caleta de los Loros y Pozo Salado, a menos de 150 kilómetros de
Viedma. De acuerdo con los estudios geológicos realizados por especialistas de
la Universidad Nacional de La Pampa y el Instituto de Ciencias de la Tierra y
Ambientales de La Pampa (Conicet), esa zona fue un ambiente desértico con dunas
y numerosos lagos extensos que funcionaban como oasis.
En el barro de la costa de uno de esos lagos
quedaron registradas huellas de casi 40 centímetros de largo de un animal
bípedo que se apoyaba en dos dedos, el dedo medio y el lateral (muy parecido a los
actuales avestruces africanos). Las huellas fueron bautizadas Rionegrina
pozosaladensis.
“El productor más probable de Rionegrina
pozosaladensis es un forusrácido de tamaño mediano a grande, probablemente
perteneciente al género Mesembriornithinae, aunque hasta la fecha no es posible
una coincidencia exacta con un género conocido”, explican Ricardo Melchor,
Silverio Feola, Cristina Cardonatto, Nahuel Espinoza, Manuel Rojas-Manriquez y
Lorena Herazo, quienes llevaron adelante la investigación.
Tal como detallan en la revista Nature, los
forusrácidos –también llamados aves del terror– constituyen el grupo más
destacado de avifauna cenozoica sudamericana y han sido considerados
depredadores dominantes. Los hábitos terrestres de este grupo de aves se
infirieron a partir de sus reducidas extremidades anteriores y su elevada masa
corporal.
“Los
forusrácidos se consideraban funcionalmente tridáctilos, con tres dedos
relativamente cortos y un dedo pequeño y elevado. Aquí mostramos las primeras huellas
conocidas y bien conservadas de forusrácidos con postura didáctila, las cuales
reciben el nombre de Rionegrina pozosaladensis. Estas huellas aportan
información sin precedentes sobre los hábitos locomotores del grupo”, advierten
los expertos de la Universidad de La Pampa.
El hallazgo en Pozo Salado implica que los
forusrácidos de tamaño mediano, que vivieron hace unos 8 millones de años
durante el Mioceno tardío, desarrollaron fuertes adaptaciones corredoras. Al
parecer, la garra larga y levantada del dedo II se usaba para atrapar presas.
Las rocas sedimentarias que albergan las huellas
estudiadas se ubican en la costa atlántica del Golfo San Matías, en lo que se
conoce como Formación Río Negro. Se trata de uno de los depósitos sedimentarios
y yacimientos de huellas más importantes de América del Sur.
Las huellas encontradas recientemente pertenecen al
Mioceno superior y Plioceno inferior. Según señalaron los investigadores, no se
conocen huellas fósiles de este tipo en ningún otro lugar del mundo y solo
pueden compararse en parte con las de dinosaurios carnívoros del Cretácico
temprano (entre 145 y 100 millones de años de antigüedad). El grupo de los
deinonicosaurios (“garras terribles”) usaba una de las garras del pie para
dominar a sus presas.
Las huellas de Rionegrina pozosaladensis –que son un
30% más grandes que las del mayor espécimen de ese grupo de dinosaurios– remiten
a un animal de unos 55 kilos que se alejaba de un lago, donde también había
huellas de otras aves pequeñas semejantes a chorlos, así como de perezosos
terrestres y antecesores del ñandú patagónico o choique.
El ave se movió lentamente al momento de dejar las
huellas estudiadas: probablemente había abrevado en el lago o estaba en busca
de una presa. Las huellas analizadas muestran un gran dedo central y otro
lateral, que serían el apoyo principal. Asimismo, esta especie tenía un dedo
interno muy reducido y casi no apoyaba el talón.
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