El Everest está cubierto de basura, incluidos 12.000 kilos de excremento humano

La acumulación de residuos amenaza el ecosistema de la cima más alta del planeta y obliga a intensas campañas de limpieza

La basura en el Everest se ha convertido en un problema grave y persistente, con toneladas de residuos dejados por los alpinistas en distintos puntos de la montaña, desde el campamento base hasta zonas próximas a la cima. El creciente flujo de expediciones ha generado una acumulación preocupante de desechos, incluyendo tiendas de campaña abandonadas, equipo de escalada roto y, de forma alarmante, más de 12.000 kilos de excrementos humanos que permanecen congelados en sus laderas.

Campañas de limpieza con sherpas y voluntarios

Aunque se han puesto en marcha campañas de limpieza durante las últimas décadas, lideradas por sherpas, guías de montaña y equipos de voluntarios, el proceso resulta lento, costoso y peligroso debido a las condiciones extremas de altitud y clima. La basura se retira a mano y, en muchos casos, es necesario transportarla con yaks o helicópteros, lo que complica aún más las tareas.

Contaminación visible e invisible

Además de la basura tangible, el Everest sufre contaminación invisible: restos biológicos como heces humanas, orina y restos de alimentos degradan el entorno y pueden afectar a las fuentes de agua y la biodiversidad de un ecosistema extremadamente frágil. El deshielo por el cambio climático podría incluso liberar parte de estos residuos acumulados, empeorando la situación.

Un reto para la gestión global del turismo de altura

La creciente popularidad del alpinismo ha agravado el problema, y aunque existen normativas que exigen a los escaladores descender con su basura, el control es difícil. El Everest, símbolo del desafío humano frente a la naturaleza, se enfrenta ahora a su mayor reto medioambiental, convertido en un vertedero helado en el techo del mundo.

 

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