La humanidad tira un camión de la basura por segundo
La contaminación por plásticos amenaza con
alcanzar dimensiones sin precedentes en los próximos quince años si no se
adoptan medidas drásticas y estructurales a escala global. Así lo advierte el
nuevo informe internacional Breaking the Plastic Wave 2025, elaborado por The
Pew Charitable Trusts en colaboración con la Universidad de Oxford y la
Fundación Ellen MacArthur, que dibuja un escenario crítico para el planeta y la
salud humana.
Según las proyecciones del estudio, para el
año 2040 alrededor de 280 millones de toneladas métricas de residuos plásticos
acabarán cada año en el aire, el agua, el suelo y los propios cuerpos humanos.
Esta cifra más que duplica las aproximadamente 130 millones de toneladas que
actualmente contaminan el planeta de forma anual, confirmando que la crisis del
plástico no solo persiste, sino que se acelera.
El informe alerta de que, de mantenerse las
tendencias actuales, el mundo estará vertiendo al medio ambiente el equivalente
a casi un camión de basura lleno de plásticos cada segundo. Este colapso se
verá impulsado por una producción creciente de plástico virgen, que aumentará
un 52%, muy por encima de la capacidad global de gestión y reciclaje de
residuos, que quedará desbordada.
Los autores explican que esta nueva
estimación es más grave que la realizada en 2020 porque, por primera vez,
incorpora datos detallados sobre plásticos utilizados en sectores como la
construcción, el transporte o la agricultura, además de los tradicionales
empaques y textiles. El resultado es una fotografía más realista y preocupante
del llamado “sistema global del plástico”.
Las consecuencias no se limitan al deterioro
ambiental. El informe subraya el impacto directo y creciente sobre la salud
humana. “El plástico se ha encontrado en todo el cuerpo humano y está cada vez
más vinculado a riesgos graves”, advierte Winnie Lau, responsable del estudio
en Pew. Los investigadores recuerdan que existen alrededor de 16.000 sustancias
químicas diferentes en los plásticos, de las cuales una cuarta parte son
potencialmente dañinas.
Estas sustancias se asocian a enfermedades
como el cáncer, problemas cardiovasculares, asma y una disminución progresiva
de la fertilidad. El informe estima que la incidencia de estas patologías
podría aumentar un 75% de aquí a 2040, impulsada por la fabricación de nuevos
polímeros y por prácticas altamente contaminantes como la quema a cielo abierto
de residuos. Los costes sanitarios derivados de esta exposición química podrían
alcanzar los 1,5 billones de dólares a nivel mundial.
La dimensión climática de la crisis añade una
capa adicional de gravedad. El estudio señala que, si el sistema global del
plástico fuera un país, en 2040 se convertiría en el tercer mayor emisor de
gases de efecto invernadero del mundo. Las emisiones asociadas al ciclo
completo del plástico —desde su producción hasta su eliminación— aumentarían un
58%, agravando la crisis climática en un contexto en el que las grandes
empresas de combustibles fósiles están redirigiendo parte de su negocio hacia
la fabricación de plásticos ante la caída del uso energético del petróleo y el
gas.
Pese al diagnóstico sombrío, el informe
insiste en que el colapso no es inevitable. Los expertos aseguran que ya existen
las tecnologías, políticas y modelos económicos necesarios para reducir la
contaminación por plásticos hasta en un 83% para 2040, siempre que se abandone
el enfoque de medidas parciales y se apueste por una transformación profunda
del sistema. Reducir la producción de plástico virgen, rediseñar productos para
su reutilización y reforzar de forma masiva la gestión de residuos permitiría,
además, recortar un 38% las emisiones anuales de gases de efecto invernadero y
disminuir en más de la mitad los impactos negativos sobre la salud.
El informe se publica pocos meses después del
fracaso de las negociaciones internacionales para aprobar un tratado global
contra la contaminación por plásticos, un proceso bloqueado en gran medida por
la presión de las industrias del petróleo, el gas y la química. Para los
autores del estudio, el mensaje es claro: la ventana de oportunidad sigue
abierta, pero se está cerrando rápidamente, y las decisiones que se tomen en
esta década marcarán el futuro ambiental y sanitario del planeta durante
generaciones.







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