Artemis II estudiará el impacto del espacio profundo en la salud de los astronautas durante su misión alrededor de la Luna

La misión Artemis II de la NASA, prevista para 2026, incorporará un amplio programa de investigaciones biomédicas para analizar cómo los vuelos al espacio profundo afectan al cuerpo, la mente y el comportamiento humanos, con el objetivo de preparar futuras misiones a Marte.

La NASA ha programado para la misión Artemis II un extenso conjunto de estudios centrados en la salud de la tripulación durante un vuelo de casi diez días alrededor de la Luna. Los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el astronauta canadiense Jeremy Hansen recopilarán muestras biológicas y datos fisiológicos antes, durante y después de la misión para el Programa de Investigación sobre Seres Humanos de la agencia.

Durante el vuelo, la tripulación tomará muestras de saliva, utilizará monitores de muñeca para registrar actividad y sueño y realizará evaluaciones físicas y cognitivas. Entre los estudios previstos figura el análisis de biomarcadores inmunitarios, destinado a observar cómo reacciona el sistema inmunológico al espacio profundo, así como el proyecto ARCHeR, que evaluará el rendimiento individual y en equipo en el entorno confinado de la nave Orion. Además, se recogerán medidas fisiológicas estandarizadas para obtener una visión global del impacto del vuelo espacial en el organismo.

La misión también permitirá estudiar la exposición a la radiación, uno de los principales riesgos fuera de la órbita terrestre baja. Para ello, los astronautas portarán dosímetros personales y se instalarán sensores en distintos puntos de la cápsula. A esto se sumará el despliegue de pequeños satélites CubeSat para caracterizar el entorno de radiación en el espacio profundo, así como dispositivos de “órganos en un chip” con células humanas que permitirán analizar los efectos celulares de la microgravedad y la radiación tras el regreso a la Tierra.

Desde la NASA se subraya que estas investigaciones son clave para garantizar la seguridad de las futuras tripulaciones. Los datos obtenidos ayudarán a mejorar la protección frente a la radiación, optimizar el diseño de naves y establecer protocolos médicos y psicológicos más eficaces. La información recopilada comenzará a obtenerse unos seis meses antes del lanzamiento y continuará durante varias semanas tras el retorno, consolidando a Artemis II como un paso fundamental en la preparación de misiones humanas de larga duración hacia la Luna y Marte.

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