El lobo mexicano regresa de la “casi” extinción

 

El lobo mexicano (Canis lupus baileyi) continúa avanzando en su proceso de recuperación gracias al Programa Binacional México–Estados Unidos de conservación de la especie. Actualmente existe una población bajo manejo profesional de alrededor de 600 ejemplares, de los que 116 se encuentran en México, según datos de la Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna (Cepanaf).

El Estado de México es la entidad que alberga más ejemplares en cautividad, con 23 lobos distribuidos entre el Parque Ecológico Hermenegildo Galeana y el Centro de Conservación de Especies Mexicanas El Ocotal. En total, 23 instituciones mexicanas participan en la conservación de la especie, junto a unas 60 entidades de ambos países.

Declarado extinto en vida silvestre en 1976, el lobo mexicano comenzó su recuperación a partir de cinco ejemplares fundadores rescatados en Sonora. Gracias a los programas de reproducción y rehabilitación, México realizó su primera reintroducción en libertad en octubre de 2021 en la Reserva de la Biosfera de Janos, en Chihuahua. Desde entonces se han llevado a cabo 15 liberaciones, con una población silvestre estimada de entre 35 y 40 ejemplares.

En noviembre de 2019, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) reclasificó a la especie como “en peligro de extinción”, dejando atrás la categoría de “extinta en el medio silvestre”. En julio de 2025, una cámara trampa registró por primera vez un lobo mexicano nacido en libertad en el Área de Protección de Flora y Fauna Campo Verde, también en Chihuahua, según confirmó la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas.

De cara a enero y febrero de 2026, está prevista la liberación de una nueva manada de cinco ejemplares en la sierra de Durango, en el municipio de Tepehuanes. El área ha sido evaluada por un equipo científico coordinado por la Universidad Autónoma Metropolitana, y se ha confirmado la disponibilidad de presas naturales y la colaboración de las comunidades locales.

Los especialistas subrayan que el lobo mexicano cumple un papel clave como depredador tope, regulando poblaciones de herbívoros y contribuyendo al equilibrio de los ecosistemas. Las autoridades ambientales señalan que el reto a medio plazo es ampliar las áreas de preliberación y reforzar la protección de los hábitats para garantizar la viabilidad de la especie en libertad.

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