Los glaciares de la cordillera del Pirineo han perdido ya más de 6 metros de espesor desde 2011
El estudio del Instituto Pirenaico explica que el grosor del hielo ha disminuido en promedio 10 metros, sobrepasando en algunos puntos los 20 metros, y la reducción de hielo de todos ellos mantiene un ritmo similar desde la década de 1980.
Se trata de un trabajo en el que han participado
diferentes centros de investigación de los Estados español y francés, cuyas principales
conclusiones se han publicado en la revista "Geophysical Research
Letters".
Según informa el IPE, dependiente del Consejo
Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), los investigadores Ixeia
Vidaller y Jesús Revuelto han liderado la publicación de este estudio
internacional en el que se han analizado los cambios de área y espesor registrados
en la última década.
Señalan como ejemplo de estos cambios los observados
en el glaciar del Aneto, cuyas pérdidas se estiman en un 24,3% en cuanto a su
área y una media de 8,5 metros de espesor, registrándose disminuciones de hasta
21 metros en algunas zonas.
Macizo de
Vignemale
Entre las masas de hielo más afectadas destacan el
glaciar de Ossoue, en el macizo de Vignemale, que ha sufrido una disminución
del 25,7 % de su área y pérdidas de espesor medio de 10 metros; o el glaciar de
Taillón, que en promedio ha perdido 11,6 metros, superando los 23 metros en su
zona central.
Aunque las condiciones climáticas no varían mucho
entre las zonas donde se ubican los glaciares, ya que el clima ha variado de
forma semejante en todo el Pirineo, según los científicos, la evolución del
hielo «sí que ha sido heterogénea durante este periodo».
Así, los glaciares pirenaicos más pequeños, con un
área inferior a 10 hectáreas, como el de Barrancs en el macizo de la Maladeta,
o el Llardana en el macizo de Posets, están fuertemente controlados por la
topografía local. Ello se deduce del contraste entre sus pérdidas de área y las
de espesor.
Sin embargo, los glaciares más grandes están
predominantemente influenciados por las condiciones climáticas de esta región
montañosa, por lo que las masas de mayor extensión, como las de Aneto,
Maladeta, Ossoue y Monte Perdido, evolucionan de forma similar con pérdidas de
área y espesor equivalentes.
Menor
radiación solar y más nieve
Los autores del estudio inciden a este respecto en
la importancia de disponer de cartografías que muestren con detalle las
pérdidas observadas para monitorizar y comprender las razones por las que los
glaciares se están quedando progresivamente más circunscritos a las zonas
protegidas, con menor radiación solar y mayor acumulación de nieve.
En estas zonas, –según pronostican– los glaciares
podrán tener una degradación más lenta, pero en todos los casos estarán
abocados a una progresiva desaparición de la dinámica que los caracteriza.
Los glaciares pirenaicos son los más grandes del sur
de Europa y su supervivencia está amenazada por el cambio climático, por lo que
los resultados obtenidos en este trabajo son un anticipo de lo que puede
ocurrir en otras cordilleras de Europa más septentrionales, como los Alpes, en
las que los glaciares también muestran un claro retroceso.
Las variaciones del área de los glaciares han sido
calculadas con imágenes de alta resolución captadas por distintos satélites con
sensores ópticos, mientras que los cambios de espesor se han determinado
comparando las superficies 3D generadas con vuelos de dron (año 2020) y las obtenidas
con un sensor LiDAR aerotransportado (año 2011).
Según el IPE, el uso de esta metodología tiene un
enorme potencial, pero su aplicación es compleja dadas las características de
las zonas monitorizadas, tanto a nivel de vuelo como de acceso.
Los autores del estudio valoran que la combinación
de las técnicas de vuelo con drones y el sistema Lidar (Light Detection and
Ranging) de rayos láser ha permitido cuantificar las variaciones en la
superficie de los glaciares con una incertidumbre inferior a 0,4 metros.
En el estudio, seleccionado recientemente por la
revista "Nature Climate Change" para su sección de artículos
destacados, han colaborado investigadores de la Universidad del País Vasco
(UPV/EHU), el Cesbio (Centre d'Etudes Spatiales de la Biosphère) y Legos
(Laboratoire d'Etudes en Géophysique et Océanographie Spatiales) de Toulouse,
la asociación Moraine de glaciología, y las Universidades de Zaragoza y
Valladolid.
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