Dos partículas nacidas del bosón de Higgs revelan uno de los fenómenos más extraños del universo
Los experimentos ATLAS y CMS del Gran Colisionador de Hadrones detectan fuertes indicios de entrelazamiento entre dos bosones Z, llevando uno de los fenómenos más desconcertantes de la física cuántica a energías extremas.
El entrelazamiento cuántico, uno de los fenómenos que más desconcertó a
Albert Einstein, acaba de superar una nueva prueba en el mayor acelerador de
partículas del mundo. Dos equipos internacionales que trabajan en el Gran
Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN han encontrado fuertes evidencias de
que dos bosones Z procedentes de la desintegración de un bosón de Higgs pueden
quedar cuánticamente entrelazados.
El resultado ha sido obtenido de forma independiente por las colaboraciones
ATLAS y CMS, responsables de dos de los grandes detectores instalados en el
LHC. Hasta ahora, gran parte de las demostraciones experimentales del
entrelazamiento se habían realizado utilizando sistemas de energías mucho
menores, como fotones de luz visible o infrarroja.
Los nuevos análisis trasladan este extraño comportamiento de la naturaleza
al terreno de la física de partículas de muy alta energía y convierten al bosón
de Higgs en una nueva herramienta para poner a prueba algunos de los principios
fundamentales de la mecánica cuántica.
El entrelazamiento se produce cuando las propiedades cuánticas de dos
partículas quedan relacionadas de tal manera que no pueden describirse
completamente por separado. Einstein se mostró profundamente incómodo con las
consecuencias de este fenómeno y popularizó para referirse a él la expresión de
«acción fantasmal a distancia».
Décadas de experimentos han confirmado que las predicciones de la mecánica
cuántica sobre el entrelazamiento son correctas. Sin embargo, llevar estas
pruebas hasta las enormes energías alcanzadas en las colisiones del LHC permite
explorar el fenómeno en condiciones radicalmente diferentes.
El bosón de Higgs abre
una nueva ventana para estudiar la mecánica cuántica
Las colaboraciones ATLAS y CMS ya habían conseguido observar anteriormente
entrelazamiento cuántico en pares de quarks top, las partículas elementales más
pesadas conocidas. El nuevo trabajo se centra ahora en los bosones Z producidos
durante determinadas desintegraciones del bosón de Higgs.
El bosón Z desempeña un papel fundamental en el Modelo Estándar de la
física de partículas, ya que es uno de los mediadores de la interacción nuclear
débil, responsable, entre otros procesos, de determinadas formas de
desintegración radiactiva.
Cuando un bosón de Higgs se desintegra produciendo dos bosones Z, las
propiedades cuánticas de ambos pueden quedar estrechamente correlacionadas. Una
de las claves para estudiar esta relación se encuentra en el espín, una
propiedad cuántica intrínseca de las partículas.
A diferencia de los quarks top, que presentan dos posibilidades de espín en
este tipo de análisis, los bosones Z pueden encontrarse en tres estados
diferentes: -1, 0 o +1. Como el bosón de Higgs tiene espín cero, las
propiedades de los dos bosones Z producidos en su desintegración deben guardar
unas correlaciones determinadas.
Los bosones Z tienen, además, una existencia extraordinariamente breve, por
lo que no pueden observarse directamente durante un periodo prolongado. Para
reconstruir lo ocurrido, los científicos estudian las partículas en las que se
desintegran, especialmente pares de electrones o muones.
Los detectores ATLAS y CMS son capaces de registrar estas partículas y
reconstruir estadísticamente las características de los bosones Z que las
originaron. Mediante el análisis de un gran número de colisiones, los
investigadores pueden comprobar si las correlaciones observadas son compatibles
con el entrelazamiento cuántico.
Los dos experimentos han encontrado fuertes evidencias de este fenómeno en
bosones Z procedentes de la desintegración del Higgs, situando el resultado
entre las pruebas de entrelazamiento cuántico realizadas a mayores escalas de
energía.
El descubrimiento amplía además el papel científico del bosón de Higgs.
Desde su descubrimiento en 2012, esta partícula ha sido fundamental para comprobar
el mecanismo que explica cómo otras partículas elementales adquieren masa. Los
nuevos resultados muestran que también puede convertirse en un laboratorio
excepcional para investigar los fundamentos de la propia mecánica cuántica.
Estudiar el entrelazamiento bajo las condiciones extremas recreadas en el
LHC podría ayudar a comprobar hasta dónde siguen siendo válidas las leyes
cuánticas conocidas y buscar posibles desviaciones que apunten hacia fenómenos
todavía desconocidos.
Estas investigaciones permiten, además, aproximarse experimentalmente a
condiciones energéticas que recuerdan, aunque a una escala incomparablemente
menor, a las existentes durante los primeros instantes después del Big Bang.
El entrelazamiento cuántico también tiene una importancia creciente fuera
de la física fundamental. Es uno de los recursos esenciales de tecnologías
emergentes como la computación, las comunicaciones y la criptografía cuánticas.
Los resultados obtenidos por ATLAS y CMS refuerzan así una de las
características más sorprendentes de la naturaleza: incluso entre las
partículas creadas en algunas de las colisiones más energéticas que pueden
producirse artificialmente, las extrañas reglas de la mecánica cuántica
continúan funcionando.








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